sábado, 24 de marzo de 2018

Granaderos, historias y mitos. Honor sin fin y triste historia de los regresos



Pasaron más de 200 años y todavía los Granaderos a Caballo de San Martín no descansan en paz. Historias, leyendas, apropiaciones de héroes y situaciones vividas forman parte de miles de hojas de papel. (…total, el papel aguanta cualquier cosa).

Que el último vivo era de mi pueblo, que todos los pasamos al olvido, que solo San Martín los sigue protegiendo desde que dijo: De lo que mis Granaderos son capaces, solo lo sé yo. Quien los iguale habrá; quien los exceda, no”.

Rivadavia, Avellaneda, Roca, Figueroa Alcorta e Yrigoyen (algunos para bien y otros para mal), tuvieron algo que ver en esta triste historia de quienes “dejaron el cuero” en los campos de batalla para que tengamos un país.

Se fueron cientos tras la epopeya, regresaron unos pocos, y hasta de ellos nos olvidamos.

miércoles, 21 de marzo de 2018

Vaya uno a saber como te llamabas, pero te nombraron Juan.



Por tu valentía, espíritu aguerrido ante las circunstancias, y sabiduría en la conducción de tu pueblo en Tolombón (al sur de Cafayate, en Salta), fuiste el jefe natural y “pieza de cambio” cuando los españoles te apresaron.

Hoy se te reconoce como el cabecilla de la primera de las “guerras calchaquíes”, que no quisiste, pero te obligaron a hacerla para la defensa de tu gente.

Nadie sabe como te llamabas en tu idioma cacán o Diaguita, y les resultó fácil a los “conquistadores” nombrarte Juan, tal vez no sabiendo lo que este nombre significa, pero te hacía justicia aunque ellos no lo supieran.

Juan Calchaquí, hoy le das tu nombre a un hermoso valle de nuestro noroeste argentino, y la gente que lo habitan no son salteños, tucumanos o catamarqueños, son simplemente “vallistos” que te recuerdan.

Fuiste resistencia al invasor, aunque no te alcanzara, pero conocer un poco mas de tu historia nos hace bien.

martes, 6 de febrero de 2018

El Humahuaqueño. ¿Quién lo diría?



Seguramente bailamos este carnavalito en decenas de fiestas de la escuela primaria, y lo vimos bailar y lo escuchamos en cientos de festivales, pero pocos sospechábamos de su verdadero origen.

Este ritmo, tan caro a nuestros sentimientos, al escucharlo y reproducir su letra, nos imaginamos que su autor era un nativo de la bella Quebrada de Humahuaca, en Jujuy, hombre tranquilo, con una humildad al hombro que le permite disfrutar de su paisaje, pero no es así.

El autor de letra y música de El Humahuaqueño es un porteño (Edmundo Zaldivar), un tanguero que no conocía la Quebrada y que inspira su ritmo en el traqueteo continuo y sistemático del tranvía en que viajaba a trabajar.

Hoy sus restos descansan en Humahuaca bajo un monumento que recuerda su memoria y su obra (considerada un himno para el pueblo jujeño), y la fecha de su desaparición (el 7 de febrero), se transformó, desde 1982, en el Día del Carnavalito.

Se estima que existen más de 1.400 versiones y fue traducido a más de 70 idiomas, convirtiéndose en la música argentina más difundida en todo el mundo.

Así son las cosas de nuestra tierra.

viernes, 26 de enero de 2018

No cantemos por cantar 2



Como dijo una amiga y vieja compañera de peñas, no podemos cantar sin saber lo que decimos, ni conocer a quien nombramos.
Cada palabra que un poeta pone en boca de un cantor necesita ser aprendida y aprehendida, y así poner sentimiento en la interpretación.
Escribí hace un tiempo algunas reflexiones al rememorar Cielos de los Tupamaros (aquel cielito de la época colonial), y ahora lo hago con Zamba de los mineros, una pieza bellísima que muchos cantan y que tiene decenas de referencias que la gran mayoría desconocemos
Localidades, costumbres y vocablos fueron puestos en la poesía de Jaime Dávalos y que le diera música el Cuchi Leguizamón, pero no son palabras. Detrás de cada una hay historias de gente.

jueves, 18 de enero de 2018

La 7 de abril. Una historia controversial



Muchas veces escuché la zamba Siete de Abril sin reparar que en las varias letras que tiene, nunca se hace mención a la fecha. Me puse a averiguar el por qué.

Cuando no. Parece que los argentinos tenemos en el ADN la costumbre de armar una controversia casi por cualquier cosa, y esta vez lo vamos a ver en el simple desarrollo de una zamba.
Esta no es cualquier zamba, es la que le dio lugar a la fecha del Día de la Zamba.

Nadie sabe por qué se llama así, aunque hay teorías.
Hay un pueblo tucumano con su nombre, aunque nadie cree que se refiera al nombre de la zamba, y para mas, se pelean santiagueños y tucumanos por su autoría.

Así como la letra de La López Pereyra no tiene nada que ver con esos apellidos, la 7 de abril tampoco la tiene con la fecha.

viernes, 12 de enero de 2018

Chancay, una cuestión de honor



Cuantas veces habremos visto la figura del Granadero Pringles arrojarse al mar con su caballo, y suponer que allí murió.

Esto es consecuencia de esa visión “epica” (poesía heroica), de la historia que nos quisieron mostrar.

Juan Pascual Pringles era un puntano que tenía como principio “hemos venido a vencer, no a rendirnos”, y este lo llevó a ganar la confianza de San Martín en su campaña al Perú, y el respeto de Facundo Quiroga hasta la hora de su muerte, aunque fuesen enemigos.

Chancay fue el escenario que mostró de que se trata de honor.

jueves, 4 de enero de 2018

El día que los Pampas “le mojaron la oreja” al Toro Villegas



Conrado Villegas era un pituco militar con fama de bravío a la hora de la lucha y jefe del famoso Regimiento 3 “de Fierro”.

Obsesionado con la lucha contra los malones sostenía que solo con buena caballada se los podía combatir, y así empezó su tarea que terminó en mito: Los Blancos de Villegas.

Tan famosos eran esos caballos que los Pampas armaron un plan para robarse los 600 animales que significaban tanto para el Ejército y para Villegas en particular. Si lo lograban sería un duro golpe al orgullo de éste. Una “mojada de orejas” imperdonable.

La cosa no fue sencilla. Se robaron los Blancos de Villegas y huyeron con estos, pero en un descuido, y mientras festejaban la hazaña, luego de varias situaciones enojosas, un grupo de soldados de frontera los recuperaron.

Momentáneamente se “salvó el honor”, pero aún hoy en las pampas se habla de la burla que significaba birlarles los famosos caballos en las propias narices del “Toro” Villegas (como le decían los aborígenes).