miércoles, 31 de marzo de 2021

Potosí: de gran Ciudad Imperial a vergüenza internacional

 

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Tenemos mucha vinculación con el Potosí. Nos llamamos Argentina por él. Argentum en latín quiere decir plata, aquel lujoso metal por el que vivió (…y viven), y murió (…y mueren), tanta gente. Tenemos Rio de la Plata, Ciudad de la Plata, somos rioplatenses junto con los uruguayos, pero ya no nos acordamos del Cerro Rico o Sumaj Orck'o, ni hacemos nada por él.

Un tesoro natural deseado y atacado por todos lados y en todos los tiempos, desde los Incas por el Norte, los guaraníes por el Este hasta los invasores españoles por el Sur, y a pesar que está colapsando por las interminables galerías cavadas, aún da pelea.

El 80 % de la plata que existe hoy en el mundo salió de allí.

A él no le importa que lo hayan nombrado Patrimonio de la Humanidad, seguramente solo quiere conservar su forma natural, y, tal vez, darle abrigo a los lugareños que lo respetan.

Ante su descubrimiento pre incaico y la pretensión de explotar sus riquezas los nativos escucharon una voz que dijo “no se puede extraer nada, ya que está reservado para otros”, pero nunca quedó claro quiénes fueron, son y serán los otros.

Lo cierto es que, a pesar que ya no queda mucha plata, el estaño y el zinc de sus entrañas siguen teniendo un alto valor y lo siguen perforando.

Hoy le cerro se desmorona casi irremediablemente y mueren en promedio 14 mineros artesanos por mes.

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El cerro de Potosí, conocido también como Cerro Rico de Potosí, y en quechua como Sumaj Orck'o o 'cerro hermoso', también conocida como Orck'o Potocchi que significa "cerro que brota plata", es una montaña de los Andes ubicada en la ciudad de Potosí (Bolivia), o antigua Villa Imperial de Potosí, con una altitud aproximada de unos 4.800 m s.n.m.

Cuando llegaron los colonizadores españoles alcanzaba una cota de 5.200 metros de altitud, pero hoy llega a los 4.702. El Instituto Geográfico Militar de Bolivia calcula que hoy el desmoronamiento es de 0,3 mm por minuto.

Cerro de Potosí dio nombre a la ciudad homónima que se pobló a su alrededor algunos años después del descubrimiento.

Es famoso porque en época de la colonia española tenía las vetas de plata más importantes del mundo y este cerro es considerado como la fuente de plata más rica de la historia de la humanidad.

De esta mina salió el 80% de toda la plata del mundo, la cual aumentó la riqueza de todo el planeta, pero no a sus dueños. Esta riqueza produjo la construcción de nuevas ciudades e imperios y sirvió para financiar algunas de las maravillas del mundo.

La mayor mina de su interior, se llama Pailaviri, y hoy es propiedad del Estado. Está dividida en 17 niveles a los cuales se puede acceder mediante un elevador, que de tres en tres metros, alcanza los 240 metros de profundidad. Pailaviri trabaja continuamente desde hace casi 500 años, (se inició su explotación en 1545), siendo la mina más antigua cercana a la ciudad.

La temperatura en el interior de la mina puede variar unos 45 ºC entre el exterior y los niveles más bajos. Hacia arriba del nivel de ingreso, a unos 70 metros de altura, nos encontramos con el "Tío", representación del demonio o deidad horrenda poseedora de las minas, a quien se hacen ofrendas para sacar el metal de sus entrañas.

El cerro de Potosí es tan importante para los bolivianos que se encuentra representado en el escudo nacional del país.

Aquellas épocas del imperio

Huayna Cápac (Mancebo Poderoso), fue el undécimo y antepenúltimo rey inca del Tahuantinsuyo (nombre del imperio). Habría nacido en 1468, Tomebamba (Perú), y fue padre, entre otros de Atahualpa y abuelo de Túpac Amaru

Huayna Cápac fue famoso por sus riquezas que causaron admiración al mundo, tuvo grandes cantidades de níquel y de cobre. Los primeros historiadores y cronistas españoles relataron que, tenía en su palacio estatuas de cobre de los reyes predecesores, y cuantas alhajas y utensilios sirven en un palacio. Tenía en la puna un recreo o jardín (hecho a mano), de árboles, flores y yerbas de cobre.

Esta y muchas más obras de cobre fino de su palacio la echaron en la laguna de Chucuito (ubicada sobre el lago Titicaca al sudeste de la localidad de Puno), cuando los españoles entraron al Perú, para que no gozasen tan rico tesoro.

No hay que admirarse de la abundancia de este metal que tenían junto al palacio, pues entonces no lo llevaban a España ni se lo tragaba el mar. El cobre y el níquel permanecían en el reino del Perú y no se exportaban al exterior.

A lo largo de los siglos, el Cerro Rico de Potosí gozó de fama continental y mundial por su explotación de plata por parte de la población de Cantumarca (luego Villa Imperial del Potosí), población nativa preincaica con 2.500 habitantes en el inicio de la exploración minera, establecida a unos 2 km al oeste del cerro.

Era el centro de población minera, metalúrgica y comercial más grande de la cultura andina y participaba del camino real del Inca por el comercio del trueque argentífero y transporte de plata del Sumac Orcko y del Porco (40 km al sudoeste de Potosí), al Cuzco y otras regiones del territorio incaico.

Los pobladores de Cantumarca, conocían de su riqueza argentífera en el Sumac Orcko, y los nativos no podían ignorar la consistencia mineralógica del cerro, pero habiéndolo consagrado, decidieron no explotarlo, situación explicable por sus sentimientos religiosos, y porque los metales preciosos solamente eran utilizados en obras suntuarias, por carecer entre ellos del valor monetario.

Los caracaras (habitantes de Cantumarca), además de ser defensores del cerro, de las invasiones guaraníes y chiriguanos, eran también vigilantes de la huaca (adoratorio sagrado donde el demonio les hablaba y hacían sus sacrificios), ubicado en la cumbre del Sumac Orcko, en honor a la Pachamama.

Huayna Cápac hizo una visita por todas las tierras que gobernaba, y llegó por estas regiones, a la laguna de Tarapaya, al noroeste de Potosí, donde tomó un descanso de su largo viaje.

Entre este lugar y Cantumarca vislumbró el cerro y dijo: “esto sin duda tendrá en sus entrañas mucha plata” y mandó a sus vasallos que viniesen de Colque Porco (otro centro minero), a labrar el cerro.

Así lo hicieron. Habiendo traído sus instrumentos, subieron al cerro, registraron sus vetas y estando para comenzar el trabajo, oyeron un espantoso estruendo y una voz que dijo: “Pachacamac janac pachapac guaccaichan” (“el señor lo guarda para otro dueños que vendrán después”).

Asombrados los nativos de oír estas razones desistieron del intento, y se refirieron el estruendo con la palabra "Potojsi" (que quiere decir dio un gran ruido), y de donde derivó después el nombre de Potosí.

La mayoría de los historiadores ven en esta variante una deliberada influencia de los españoles en la leyenda, para legitimar sus labores y saqueos en el cerro.

Como ha pasado en otros casos, la imaginación popular y las especiales características del cerro, dieron lugar a numerosas y curiosas leyendas como esta. Nadie habló más del Cerro Rico.

Diego de Huallpa fue un quechua que, a mediados del siglo XVI, se le atribuye el re descubrimiento accidental de plata en la actual ciudad de Potosí.

La leyenda cuenta que, en enero de 1545, este indígena buscaba una de sus llamas perdida en un cerro prendió una fogata para soportar el frío de la noche. Por la mañana, descubrió un hilito de plata que había fundido a flor de roca que sobresalía de los restos de la fogata que encendió la noche anterior. Se trataba de una veta rica en plata

En abril un grupo de españoles encabezados por el capitán Juan de Villarroel tomaron posesión del Cerro Rico, tras confirmar el hallazgo de Huallpa, e inmediatamente establecieron un poblado.

La leyenda que conocemos sobre el descubrimiento, si bien ya hace a la historia de Potosí como un descubrimiento casual, a la vez permite aseverar que se trataba de un secreto muy bien guardado por los aborígenes propios de la zona.

La población indígena, en tanto, sufría una explotación infrahumana. Decenas de miles de indígenas fueron sometidos a la mita, un sistema que ya era habitual en el incario, pero cuyo uso intensificaron los españoles, y creció aún más a instancias del Virrey Francisco Álvarez de Toledo, ante la falta de mano de obra para la minería.

A los mitayos (como se llamaba a los indios sometidos mita), se les hacía trabajar hasta 15 horas diarias, cavando túneles, extrayendo el metal manualmente o con pequeñas herramientas. Ya en aquella época eran muy frecuentes los derrumbes y otros accidentes, que ocasionaban la muerte de cientos de trabajadores.

Las rebeliones eran ahogadas a sangre y fuego. Es probable que hasta 15.000 indígenas hayan muerto en la explotación de la plata, entre 1545 y 1625.

Potosí comenzó a crecer a un ritmo desenfrenado. En 1573 Potosí tenía la misma población que Londres y más habitantes que Sevilla, Madrid, Roma o París. Hacia 1650, un nuevo censo adjudicaba a Potosí 160.000 habitantes.

La producción de plata llegó a su punto máximo alrededor del año 1650 (100 años de explotación), momento en el cual las vetas empezaron a agotarse, y Potosí entró en un camino cuesta abajo del que no pudo recuperarse jamás.

Nuestro nexo con el Rey Blanco

Los incas irradiaron esplendor y riqueza por toda América del Sur en tiempos anteriores a la conquista española. Juan Díaz de Solís en 1516 tuvo conocimiento, por boca de náufragos de una expedición española anterior, de la existencia de grandes yacimientos de oro y plata

Fue quien descubrió el Rio de la Plata (“llamóse primero rio de Solis”). En 1516, su tripulación encalló en la isla brasileña de Santa Catalina, donde escucharon a los aborígenes referirse a una sierra de plata situada en el interior de la selva formada por cerros del precioso metal, lo que despertó y reforzó sus ansias de riqueza.

Las extraordinarias riquezas traídas desde México y Perú provocaron en España un gran interés por la conquista. Pedro de Mendoza, un noble español que había oído hablar de una Sierra de Plata cerca del río descubierto por Solís en 1516, firmó en 1534 una capitulación con el rey Carlos I.

En ella se le confería el título de Adelantado, Gobernador, Capitán y Alguacil Mayor de las tierras que descubriera y poblase.

Los guaraníes que realizaron grandes invasiones frustradas hacia las tierras incaicas del Perú se encargaron de divulgar la fama de la Sierra de la Plata (que la describían como de plata maciza). La noticia era parcialmente cierta, deformada por el reflejo incaico, y mal calculada en su ubicación, que creían llegar remontando el actual rio Paraná.

La Sierra de la Plata  fue una leyenda que se alimentaba por el uso de objetos en plata que veían en los pueblos originarios de la región. La leyenda estaba asociada con la del Rey Blanco. Actualmente se considera que la leyenda de la Sierra de la Plata tuvo su origen en el Cerro Rico de Potosí y que el Rey Blanco habría sido el Inca Huayna Cápac. 

En el siglo XVI, el estuario de los ríos Uruguay y Paraná era nombrado por los españoles y portugueses como Río de la Plata, el de la era debido a que se creía que remontando el curso llegarían a la Sierra de la Plata. Fue así que tuvo su inicio la exploración y colonización de la Cuenca del Plata de la mano de don Pedro de Mendoza y otros adelantados.

Lo más cerca al mito es el famoso Cerro Rico de Potosí en Bolivia.

Cuando a comienzos del siglo XVI Alejo García  (un navegante portugués), recorrió la región y descubrió las riquezas de aquellas tierras, los españoles apenas comenzaban la colonización de las costas panameñas y colombianas y los portugueses recién iniciaban la ocupación de la actual costa brasilera. Ninguna de las dos coronas sabía de la existencia del rico Imperio Inca, que recién sería descubierto en 1528 por Francisco Pizarro.

Años más tarde el Camino real, desde Buenos Aires a Lima, fue la vía de extracción de los minerales hacia España.

Potosí hoy

Potosí se muere. Sólo quedan los templos (la mayoría cerrados), sus calles retorcidas, las agencias de viaje, los restaurantes y el mercadeo minorista, que son el nuevo filón de cara al turista en la actualidad. Ya nadie quiere ver esa triste realidad con una población mayoritariamente de la etnia quechua que, sobre todo, vive de la minería, como siempre.

Ese Potosí (al que le extrajeron el 80 % de la plata del mundo), dio lugar al dicho “cpn esa plata se podría realizar un punte entre él y España”, sin embargo, este puente se también podría haber quedado cubierto con los cuerpos de los esclavos que murieron trabajando en la mina.

El exhausto Cerro Rico esconde una de las mayores desgracias del mundo. No solo las infames condiciones de trabajo de los mineros, alguno de los cuales viven en el entorno de la bocamina junto a sus familias en la más precaria de las condiciones, sino que además dentro de las entrañas de la mole trabajan cientos de niños y niñas con edades comprendidas entre los 10 y los 17 años.

Aunque muchos compaginan su trabajo con los estudios, la necesidad de sus familias hace que incluso los más pequeños de la casa ayuden a sus padres en la extracción de zinc y estaño. Ya no queda casi plata, se la llevaron toda sin dejar nada a cambio.

Los buenos precios actuales de este último atrae a adolescentes de otras regiones que quieren o necesitan hacer dinero rápido.

El problema es en parte subsanado por organizaciones como el Centro de Promoción Minera (CeProMín) o la Asociación Solidaridad con las Mujeres (MUSOL). Ambas procuran rescatar a los menores del interior de la montaña y ofrecerles una salida educacional o laboral más acorde. Tienen varias escuelas en las laderas donde les dan comida, apoyo escolar y agua caliente.

También asesoran y dan apoyo a las mujeres que trabajan en el cerro, como las que vigilan las bocaminas, las palliris, o las palieres (las que muelen a golpes las rocas buscando mineral), quienes en un entorno dominado por los hombres, el alcohol y la coca reciben demasiadas agresiones.

Quizás para cambiar un poco el ánimo podamos escuchar, mientras leemos esta historia unas hermosas versiones de Minerito Potosino de los “genios” salteños Manuel J. Castilla y Eduardo Falú.

Minerito potosino
De estaño es tu corazón;
Cuando sales de la mina
Orillando la oración,
Te va cuidando la sombra
La Virgen del Socavón.
Minerito potosino
De estaño es tu corazón.

Hasta el fondo de la tierra
Con el alba ya te vas,
Con el barreno te quedas
Golpeando la oscuridad,
Y yo me quedo pensando
Si a la tarde volverás.
Hasta el fondo de la tierra
Con el alba ya te vas.

Minerito potosino No te quieras enterrar,

Déjalo hundido al estaño
Como sombra de la sal
Que siempre se queda adentro
El que lo quiere sacar.
Minerito potosino
No te quieras enterrar.

Bien abajo llueve el cerro
Triste sobre tu sudor;
Pailaviri, puna arriba,
Nos está quemando el sol;
Minerito potosino
De estaño es tu corazón.

¡Ay! El minero,
gajo de metal,
la tierra lo traga
junto con el carnaval


Versión de Eduardo Falú               https://www.youtube.com/watch?v=GlbQiYRl9AU

Versión de Jorge Cafrune              https://www.youtube.com/watch?v=ILdXa9xhX9U

Versión de Los Altamiranos           https://www.youtube.com/watch?v=Po9sj2udCi8

 

Explotaciones como Mina Candelaria, del siglo XVII, aún sigue dando trabajo pero está que como la mayoría de las demás: obsoletas y descuidadas. No tienen raíles, ni ingenieros. Sin sistemas de ventilación, pocas vagonetas y ninguna medida de seguridad, el peso de la montaña es soportado por vigas desvencijadas que crujen de la gran cantidad de décadas que llevan puestas.

Miembros de las 55 cooperativas existentes en la actualidad, excavan artesanalmente “donde les da el pálpito, en cualquier dirección y de cualquier modo, por eso los derrumbes arrastran vidas. Se estima que la media de vida de un trabajador no supera los 35 o 40 años, aunque aparentan 20 años más: los gases, los derrumbes y la silicosis se los llevan por generaciones.

“En la mina todo es estrecho, polvoriento y agobiante. Los gases lo impregnan todo y el acceso por algunos túneles llega a ser realmente complicado. Dentro, en la profundidad, se encuentran los mineros. De 6 de la mañana a 5 de la tarde se esfuerzan por encontrar una plata que ya casi no existe.

En su época de esplendor el cerro ofrecía vetas de plata de metro y medio de ancho, hoy encontrar alguna de centímetro y medio ya es todo un éxito. La que queda es de poca calidad, de una Ley baja, y se exporta principalmente a Asia para la fabricación de electrónica. Los expertos no le dan más de 10 años a la plata de Potosí hasta agotarse por completo.

Cuando eso ocurra el sustento de Potosí se habrá acabado, y es que si hace cinco años se contaban 16.000 mineros hoy hay apenas 10.000”.

El Cerro Rico ha sido designado Patrimonio Cultural y Natural de la Humanidad por la UNESCO en 1987, y en 2015 ha sido declarado Patrimonio en Riesgo.

A pesar de los trabajos de relleno comenzados en marzo de 2015 para mantener erguida la montaña, la cima se hunde.

Hace ocho años se volvió a quejar con un tremendo socavón que desde entonces pone en peligro a los mineros que trabajan en las cotas más altas. La UNESCO ya había solicitado en 2011 paralizar los trabajos próximos al hundimiento producido en junio de 2010 y que afectó la estructura superior del yacimiento.

Pero los mineros no se van a ir, ni quieren oír hablar de reubicaciones. Quisieran salir con los pies por delante si consiguen rescatar sus cuerpos. Lo dicen con las agallas propias de su profesión y la energía que les da el masticar continuamente las hojas de coca. No le tienen miedo a la muerte.

Aunque mueren de manera más lenta: la falta de higiene, de servicios médicos, las enfermedades respiratorias, el alcohol o la desnutrición desarma a los trabajadores, hasta el punto de que mueren unos 14 hombres al mes (10 por derrumbes y gases y 4 por cáncer de pulmón).

El clásico dicho “vale un Potosí” derivado de aquel elocuente pasaje escrito por Cervantes en El Quijote será lo único que perviva. Cuentan que la montaña tiene estaño y zinc para seguir la explotación durante 200 años más.

Muchos lugareños reconocen que la montaña está al borde del colapso, que no soporta más heridas y que se tragará con ella la antigua y colonial ciudad. Una defunción anunciada pero que aún es capaz de dar el 70 % del producto mineral boliviano, concesión que posiblemente sea su herida de muerte.

 

Bibliografía

FUENTE, A. (2015). Esplendor y muerte en Potosí. https://elpais.com/elpais/2015/12/23/planeta_futuro/1450872042_779930.html
FUERTES LÓPEZ, J. A. (2016). La historia detrás del Cerro Rico de Potosí. https://elpotosi.net/cultura/20160331_la-historia-detras-del-cerro-rico-de-potosi.html

GISBERT, T. (2010). El cerro de Potosí y el dios Pachacámac. Chungara (Arica), Revista de Antropología Chilena. . Volumen 42, N° 1, 2010. Páginas 169-180. http://dx.doi.org/10.4067/S0717-73562010000100028

RUIZ, R. (2017). Potosí, de capital del mundo al olvido. https://www.eldiario.es/viajes/viajes_con_historia/potosi-capital-mundo-olvido_1_3402107.html
WIKIPEDIA. Cerro Rico. https://es.wikipedia.org/wiki/Cerro_Rico#
WIKIPEDIA. Huayna Cápac. https://es.wikipedia.org/wiki/Huayna_C%C3%A1pac#

WIKIPEDIA. Minas de Potosi. https://es.wikipedia.org/wiki/Minas_de_Potos%C3%AD


viernes, 12 de febrero de 2021

Pachamama: adhesión esnobista e ignorancia supina




Es francamente admirable que una sociedad como la nuestra quiera aprender sobre la cultura de los verdaderos dueños de estas tierras, sin embargo es repudiable que practiquen un esnobismo a ultranza ignorando su significado y trasfondo.

Ya pasó con la wiphala y algo parecido ocurre con la Pachamama, deidad de nuestros pueblos puneños y algunos países vecinos con quienes compartimos parte del antiguo imperio Inca.

Cuando nos “percibimos” indígenas, aunque no lo seamos, debemos por lo menos estudiar y aprender sus usos y costumbres y no bastardearlos “folklorizándolos” (en el mal sentido del término), y faltándoles el respeto.

Que el propio Ministerio de Cultura de la Nación “invente” cosas e ignore otras, es por otra parte mucho más grave.

A las tradiciones hay que estudiarlas y respetarlas, no bastardearlas.

Aquellas personas que siente una admiración infundada o ridícula por todas las cosas que “están de moda”, son denominadas esnob, y eso muchas veces las lleva a confundir los mensajes que expresan, particularmente si su actitud tiene difusión en algunos medios de comunicación masiva.

Hasta el Ministerio de Cultura y Educación de la Nación, en su página Web oficial comete errores imperdonables cuando, sin haberse tomado el “trabajo” de estudiar, asegura situaciones absolutamente falsas que pretende difundir por esnobismo.

No está ni bien ni mal ser esnobista, pero si adhieren por imitación y no por conciencia caen en una actitud que demuestra ignorancia supina, es decir "procede de negligencia en aprender o inquirir lo que puede y debe saberse".

La Pachamama, está a punto de ser “folklorizada” (en el mal uso del término), ya que es posible ver imágenes de estudiantes y profesores universitarios de “posición acomodada”, vestidos con ropaje urbano y una vincha “de raíz nativa”, o políticos en busca de votos, cavando un hoyo en el suelo y tirando allí todo lo que tiene a mano, imitando burdamente el verdadero sentido del tributo a la Pachamama.

Origen de Pachamama

Para la historiografía y mitología incaica, el espacio andino era concebido en dos niveles diferentes: horizontal y vertical. En el plano horizontal, los incas veían el mundo de manera dual: hanan y hurin (arriba y abajo). Estas dos mitades eran divididas, a su vez, en otras dos, dando origen a la cuatripartición. Esta división era entendida como complementariedad, oposición y reciprocidad (sol-luna; invierno-verano; hombre-mujer; tierra-agua).

A nivel vertical, el espacio estaba dividido en tres planos:

1. Hanam Pacha  o mundo “de arriba”, celestial o supra terrenal, en otras palabras lo que se ve pero no se puede controlar (sol, luna, estrellas), simbolizado por el cóndor y el águila.

2. Kay Pacha  o mundo del presente y de aquí. Es el nombre del mundo terrenal (hombre, mujer, agua, tierra), donde habitan y pasan sus vidas los seres humanos, simbolizado por el hombre y el jaguar u hombre/jaguar.

3. Ucku Pacha o mundo de abajo o mundo de los muertos, de los niños no nacidos y todo lo que estaba debajo de la superficie de la tierra o del mar, representado por un reptil.

La pachamama (o madre tierra), es una diosa que pertenece al Kay Pacha, junto con Mama wayra (o madre de los vientos), Mama nina (o madre del fuego y de la luz), Mama sara (o madre de los alimentos, particularmente papa, maíz y coca), entre otras.

Existen interesantes leyendas que cuentan que el Dios del Cielo (Pacha-Kamac), era el esposo de la Madre Tierra (Pacha-Mama), que dieron a luz dos hijos mellizos: un varón llamado INCA (el sol) y una mujer llamada KILLA (la luna). 

¿Qué representa la Pachamama?

Pachamama en quechua y aimara (pacha: mundo, tierra, universo + mama: madre), es decir Madre Tierra, es la fuente femenina de la que proviene todo el mundo material, el sustento de toda la naturaleza y toda la realidad. Los orígenes de este culto se remontan a la época preincaica.

Se trata, en definitiva, de una especie de divinidad o del centro de la cosmovisión de las etnias andinas, específicamente del Tawantinsuyu o imperio incaico.

El Collasuyu corresponde a la costa andina de la actual República Argentina, es decir parte de las provincias de Jujuy, Salta, Catamarca, La Rioja, San Juan y Mendoza, que compartimos con el norte de Chile, el sudoeste de Bolivia y una pequeña porción de Perú.

 

La Pachamama no es únicamente el planeta tierra (la esfera terrestre), sino que abarca mucho más. Es la naturaleza que está en contacto permanente con el ser humano, con quien incluso interactúa a través de diversos rituales. Es todo en su conjunto.

Para ellos la tierra no les pertenecía, sino que ellos pertenecían a la tierra. 

Se entiende que la Pachamama protege a las personas y les permite vivir gracias a todo lo que le aporta: agua, alimentos, etc. Los hombres, por lo tanto, deben cuidar a la Pachamama y rendirle tributo, cuidarla y alimentarla.

No está localizada en un lugar particular, pero se la asocia en manantiales vertientes, o apachetas (cantos de piedra formando un volumen al costado o encrucijada de caminos y lugar para rendimiento de culto).

Es una deidad inmediata y cotidiana, que actúa por presencia, y con la cual se dialoga, ya sea pidiéndose sustento o disculpándose por alguna falta cometida en contra de la tierra y por todo lo que nos provee.

No es una deidad creadora sino protectora y proveedora. Cobija a los seres humanos, posibilita la vida y favorece la fecundidad, la fertilidad y el buen parto de las mujeres.

A cambio de esta ayuda y protección, los pastores de la Puna Meridional están obligados a ofrendarle parte de lo que recibe, no solo en los momentos y sitios predeterminados por el ritual, sino en todos los acontecimientos culturales significativos, configurándose así una suerte de reciprocidad.

El culto a la Pachamama  

Como todas las tradiciones de los pueblos pre colombinos sufren algunos cambios con el paso del tiempo. Hasta nuestros días se conservan creencias y rituales relacionados con la Pachamama, practicadas todos los 1 de agosto por las comunidades quechuas, aimaras, y otros grupos étnicos que han recibido la influencia de estos, en las áreas andinas de Bolivia, Ecuador y Perú, en el norte de Chile y en el norte de Argentina.

En sus orígenes, los quechuas, los aimaras y otras etnias de la región andina (particularmente en la Puna), realizaban ofrendas en su honor, sacrificando, entre otras, camélidos para derramar su sangre.

·         Homenajes particulares

La ceremonia tradicional es un ritual que en Bolivia es llamada Challa (pago o tributo), que implica un acto de reciprocidad. Las ceremonias están a cargo de personas ancianas o de mayor autoridad moral dentro de cada comunidad. En el caso del pueblo aimara, en Bolivia, esta persona recibe el nombre de yatiri (médico o curandero).

Algunos estudiosos aseguran que el ritual más importante es el challaco, deformación de los vocablos quechuas ch'allay y ch'allakuy, que se refieren a la acción de rociar con insistencia.

En el lenguaje de los campesinos del sur de los Andes Centrales, la palabra challar se usa como sinónimo de “dar de comer y beber a la tierra”.

El challaco, abarca una compleja serie de pasos rituales que comienzan en las viviendas familiares la noche de la víspera, durante la cual se cocina una comida especial, la tijtincha, que es un alimento preparado a base de carne seca, habas y maíz, las cuales se cocinan a fuego lento, entre 12 y 13 horas.

El 31 de julio es el día de la “llamada”, dedicado a sahumar las casas, huertas y corrales para alejar a los malos espíritus. El 1 de agosto por la mañana hay una intensa actividad, herrando caballos, marcando ganado y señalando ovejas con lanas de colores. 

 

En las casas, la ceremonia comienza bien temprano con el sahumado, que es la “limpieza” de las habitaciones. A primera hora, los habitantes de cada casa agradecen y piden perdón a la Pachamama en un rezo compartido.

Luego recolectan la basura de las esquinas de los cuartos la colocan en una pala con brasas y le agregan plantas de la zona llamadas genéricamente koa (que significa “la que se transforma en otra cosa”: humo), tratándose de varias especies nativas de distintas familias botánicas como la cha cha y la tola.

Un personaje central de la fiesta es el chachero (encargado de sahumar el ritual quemando cha cha), el cual permanece de rodillas ahuyentando los malos espíritus con humo. 

Su trabajo requiere de cierta habilidad: no debe producirse fuego porque se corta el humo. Si eso sucede, le cobran una “multa”, consistente en tomar un vaso de licor “a fondo blanco”. Al tercer error, lo cambian por otro. 

La pala humeando se pasa detrás de los armarios y bajo la cama para limpiar lo negativo del año anterior y conseguir protección, según el ciclo ancestral del calendario de cultivos aborigen. 

En las casas y comercios se comienza por el frente las entradas y las puertas rociando con vino y un clavel rojo y alcohol con un clavel blanco. Primero, con el clavel rojo y el vino, se challa hacia abajo, echando gotitas al piso. Luego a la pared o hacia arriba con el alcohol, usando el clavel blanco. Para la abundancia, prosperidad y salud se pone en la entrada y en todas las orillas del inmueble papel picado amarillo.

 ·         Homenajes comunitarios

Así como el ceremonial comunitario en general se denomina challa, el hecho puntual de “darle de comer y beber a la tierra hasta que quede satisfecha” al aire libre se llama corparchada.

 

Los asistentes a la corpachada deben lucir cordones blancos y negros de lana de llama, hilado hacia la izquierda (torsión en S del huso), llamado llojke yoki, y se atan en los tobillos, en las muñecas y en el cuello, como amuletos para evitar el castigo de la Pachamama 

Al inicio de la ceremonia se suelen tomar tres hojas de coca, se las sopla al viento y se les pide a los apus (espíritus de las montañas) algún deseo. Se le sacan los cabitos a las hojas y se ponen en la boca (luego se guardan).

Luego se enuncia la siguiente frase en quechua a quien está a nuestro lado (con otras tres hojitas): jallpay kusunchis y el compañero responde urpillay soncoyay. Cada rezo es un deseo y un agradecimiento.

N. del R.: Lamentablemente no se ha podido conseguir la traducción de estos rezos, que se replican en cuantos artículos se publican periódicamente.

Luego se puede enunciar un rezo de agradecimiento al espíritu del cielo, a la Pachamama, y a los elementos que sostienen la vida: al fuego, al aire, al agua y a la tierra.

En un pozo no muy profundo, en un lugar determinado, al aire libre (si es posible cerca de un manantial o fuente de agua), se realiza la ofrenda a fin de hacer desaparecer los males de la tierra y además para agradecer, pedir y bendecir los frutos que vendrán.

En el pozo se vuelcan alimentos y bebidas consagrados especialmente: frutas, comidas tradicionales, chicha, harina, jugos y miel.

 

Los “challadores” reparten ofrendas de comida y un “servidor” de bebida reza en quechua para comenzar a arrojar en el pozo chorritos de bebidas alcohólicas, respetando siempre que el primer sorbo de la bebida es para la Pachamama.

 

En la actualidad se le ha sumado a la tradicional chicha de maíz otras bebidas como vino, cerveza, whisky y fernet. De cada una de ellas deja caer chorritos con reverencia y prueba un poco cada bebida.

En la corpachada se puede incorporar al pozo un acullico (hojas de coca mascadas), o solo la coca, la llicta. Esta es una masa semiblanda hecha a base de papas hervidas y cenizas de ciertas hierbas, con sabor salado y coloración gris oscura. Se le da forma de bollo pequeño y se mastica para hacer que el acullico de hojas de coca recupere el sabor cuando lo ha perdido después de mucho mascarlo.

Otros bocados son de tijtincha, locro, humita y papines. Más acá en el tiempo también se incorporó caña quemada con ruda macho macerada en la bebida espirituosa.

Entre otros objetos antiguamente se ofrecía mullu (molusco llamado oro rojo de los Incas), y sobre todo el feto de la llama, que, según una creencia, aseguraba la fertilidad de la tierra para que asegurara la cosecha.

Así a la tierra se le da de comer y de beber. También se suele enterrar el llojke yoki que llevan como amuleto en tobillos, muñecas y cuello.

Algunos ofrendan cigarrillos encendidos que clavan en la tierra para que la Pacha los fume: si se apagan rápido, la persona no tendrá un buen año, pero si se consumen solos (quedando una columna de ceniza), ese alguien estará en comunión con la tierra.

 

Luego de las ofrendas y el entierro se rompe un cántaro que contiene chicha y se tapa el pozo que luego se los cubre con tierra, piedras y flores, mientras se pronuncian rezos en quechua.

El grupo familiar, sus parientes y amigos participan más tarde de una comida ritual basada en el consumo de carne hervida (cabezas de llama u oveja), maíz, habas secas y mote (forma de conservar el maíz, descascarado en agua y sal).

La tarde se prolonga hasta el amanecer con cantos y bailes. 

La Pachamama, más otras deidades como Mallku (protector de las alturas), y Amaru (que aseguraba el agua de riego), conforman la trilogía de la percepción aimara sociedad-naturaleza y sus cultos son las formas más antiguas de celebración que los aimaras realizan.

Estas celebraciones varían de acuerdo a la etnia y con el paso de los años, en los que se agregan elementos post coloniales, y en varios lugares andinos, como en la tierra de los huarpes de San Juan y norte de Mendoza, se adopta para el 1 de agosto la quema de jarilla o aguaribay. 

Desde los inicios de invasión europea en estos territorios la celebración se lleva a cabo el primer día del mes de agosto, durante todo el mes, y en muchos lugares también el primer viernes de cada mes. 

Adaptación post colonial 

Cuando los primeros conquistadores españoles llegaron a comienzos del siglo XVI, se encontraron con el culto a la Pachamama. No solo lo aceptaron, sino que participaban de él, muy a pesar de algunos curas que intentaban imponer la religión de un Dios único, desconocido para los indígenas.

 

Ellos ya veneraban a Viracocha (dios creador, el señor supremo de todo el reino), a Inti, (el sol), y a Quilla (la luna), junto a la Pachamama.

 

Fueron esos conquistadores los primeros en dejar testimonio de las celebraciones hacia las divinidades incaicas, que duraban días. Para los indígenas, la tierra es la posesión más valiosa ya que cuidándola se conserva su bien más preciado, que es el alimento.

 

Algunos viajeros describieron a la Pachamama como la Venus incásica.

 

El culto a la Pachamama, se lo denomina Allpa Mamay o Ashpa Mamay, en La Rioja o Santiago del Estero, y el Pueblo Atacama llama Apata joiri.

Hoy es habitual que los quechuas, los aimaras y sus descendientes combinen el tradicional culto a la Pachamama con la religión católica, predominante en los países sudamericanos donde se asientan. Esto hace que los rituales y las ofrendas a la Madre Tierra se desarrollen de manera paralela a otras festividades y actos típicos del cristianismo. 

A pesar de esto se debe tener en cuenta que para los pueblos nativos la Pachamana encierra en si mismo el concepto de un dios y el concepto de producción (todo en un mismo “paquete”, o sincretismo), situación que no ocurre con el catolicismo, que “despega” a un dios de una producción agrícola. 

Otros sacerdotes más pragmáticos equipararon la figura de la Virgen María a la de la Pachamama, y hoy muchas familias son cristianas y “pachamamistas”.


En Bolivia, la Pachamama es identificada con la Virgen de Copacabana, en La Paz con la Virgen de Urkupiña, en Oruro con la Virgen del Socavón, y en Puno (Perú), la Pachamama es identificada con la Virgen de la Candelaria

Un antecedente artístico e histórico de este sincretismo lo constituye la representación de la Virgen Cerro del siglo XVIII, en la que el Cerro Rico de Potosí es antropomorfizado adquiriendo la imagen de la Virgen.

Los cambios de costumbres pos coloniales también influyeron en la corpachada, ya que el vino, la cerveza, la ruda y el licor de caña no se conocían en esta parte del mundo.

Otras madres tierras

Si bien otros pueblos nativos (como los Mapuches), tienen sus rituales para la Madre Tierra el 1 de agosto de cada año, no se debe confundir la Pachamama Quechua o Aimara con la Ñuke Mapu, que es un concepto mapuche más filosófico que divino o religioso.

Ñuke Mapu que significa literalmente Madre Tierra para este pueblo, a diferencia de lo que la Pachamama significa para los quechuas, no es una deidad pero sí es sumamente importante para su cultura. 

Este concepto no simboliza la tierra geológica sino que es una representación del mundo mapuche en la cosmografía y simboliza a su vez, la interrelación de los mapuches entre sí.

La forma en la que el pueblo se comunica con este “todo” es a través de los espíritus conocidos como Ngen que se encuentran en diferentes elementos de la naturaleza tales como los manantiales, los cerros y las vertientes; también los altares donde realizan sus rituales son un punto de conexión con la Ñuke Mapu.

Al comienzo de cada año el pueblo se reúne para pedir perdón por sus errores y prometer cuidar de la naturaleza y de la cultura a la que pertenecen de forma responsable. La Madre Tierra es la que recibe esas ofrendas y esas oraciones y consigue que todo se mantenga en equilibrio. 

Los Mapuches creen que la vida es un estado cíclico donde el pasado y le presente cohabitan y donde el comienzo de cada año es un nuevo renace, por eso para ellos ese comienzo de año es como un volver a empezar y proponerse mantener ese equilibrio sagrado entre pueblo y naturaleza. 

En el caso de los huarpes rinden su homenaje a la Pecne Tao.

¿Por qué el 1 de agosto?

La creencia popular indica que la Pachamama tiene hambre a la salida del invierno, y si no se la nutre con las ofrendas, o si se la ofende, no accede a la protección de cultivos y ganados de la primavera que empieza. Por ello, al sincretizarse las culturas, estas ceremonias se llevan a cabo el 1 de agosto de cada año.

El 1 de agosto se corresponde con la línea en el Oeste (Camino de los Incas o Qhapaq Ñam), en la Cruz Incaica o Chacana, trazada en un ángulo de 45º respecto al Norte o solsticio de invierno). Es la fecha en que “se empiezan a ir los fríos” y hay que prepararse para las siembras de verano. 

La Pachamama, dueña de las cosechas y del ganado, rectora de las estaciones y proveedora de vida, debe ser agasajada por el hombre como a ella le gusta. No cumplir con ella implicaría terremotos, sequías, inundaciones, heladas, incendios, granizo, huracanes, hambre, enfermedades y muerte. 

Las clásicas ofrendas enterradas van acompañadas actualmente por ferias artesanales, comidas de diferentes comunidades coyas y festivales de música y danza.

Si bien no es un feriado nacional, el ritual es vivido como un día tanto o más importante que otras celebraciones post independentistas en esta parte del país. Anualmente las principales celebraciones por la Fiesta Nacional de la Pachamama de los Pueblos Andinos en Argentina se realizan en San Antonio de los Cobres y Tolar Grande (Salta), y Purmamarca, Tumbaya, Valle Grande (Jujuy), y en varias localidades de la Puna catamarqueña o riojana.

Se realizan ceremonias a la Pachamama en ocasiones especiales (como iniciar un viaje), o al pasar por una apacheta.

El esnobismo argento

A través de los migrantes, la celebración a la Pachamama se ha hecho conocida en otros lugares, y se ha expandido a numerosas ciudades y grandes metrópolis modernas como Buenos Aires.

Los migrantes respetan a su deidad aunque estén lejos de su tierra, pero el esnobismo porteño de Argentina permite ver (desde los años noventa), gente irreverente que vuelca al suelo un poco del vino o de cerveza que está por beber “para la Pachamama”.

Otros, un poco más conscientes, cavan un pozo en el suelo e imitan irrespetuosamente (muchas veces groseramente), a la ceremonia original.

¿De qué cultura me hablan?

La página Web oficial del Ministerio de Cultura de la Nación (https://www.cultura.gob.ar/por-que-se-toma-cana-con-ruda-cada-primero-de-agosto_6220/), dice:

“Tomar caña con ruda el primer día de agosto es una costumbre que no pierde adeptos. Se cree que cumplir con este ritual atrae la salud y la suerte y aleja la envidia y los maleficios. Siete sorbos, tres tragos, uno largo, un vaso entero, y siempre en ayunas. Pero, ¿de dónde surge y qué significa?”

“Esta costumbre, enraizada en el norte argentino (más específicamente en las provincias de Misiones y Corrientes), se ha extendido por todo el país. Es una tradición milenaria, que proviene de los pueblos originarios de América que reconocían en la ruda múltiples propiedades medicinales contra parásitos y malestares gastrointestinales, además de su uso para calmar el ardor y la irritación de picaduras de bichos y alimañas. 

N. del R.: La Pachamama no pertenece a las culturas guaraníes, y por otro lado no es una costumbre milenaria (¿??) ya que la ruda es una planta originaria de países del Mediterráneo, que ingresó al continente con los españoles, por lo que ningún pueblo originario puede reconocer sus propiedades medicinales, que si conocían bien los introductores.

“Como en agosto se producían grandes lluvias, que junto al frío causaban muchas muertes en la población y en el ganado, crearon este remedio natural donde se mezcla la caña con la ruda para superar estos problemas”.

N. del R.: ¿Quién creó este “remedio popular”? ¿La muerte del ganado también “se cura” haciéndoles beber ruda y caña. Además, hay que contarles a los “genios” que llenan las páginas del Ministerio que Agosto, junto con Julio son los meses de menores lluvias en esa región, y que la temperatura media es del orden de los 17 ºC.

Originalmente se utilizaban licores fabricados con chañar, patay, tunas o algarroba, a los que se les agregaba la contrayerba o hierbas medicinales. Con la llegada de los europeos, los componentes fueron mutando hasta conformar la receta que hoy conocemos.

N. del R.: Si aseguran que la costumbre de beber caña con ruda proviene de los guaraníes, de Misiones y Corrientes (¿??), es menester decirle al Ministerio que el chañar, el patay y las tunas no crecen o se elaboran en esas provincias, y obviamente no son costumbres heredadas de las etnias Ava o Guaraníes.

Beber caña con ruda es una tradición relativamente reciente, vaya uno a saber inventada por quien, ya que esta planta, como dijimos, no es originaria de América sino del Mediterráneo y el Este de Asia.

A pesar de que la tradición (¿??), dice ser típica del noreste (¿??), del país, en los últimos años se extendió a todo el territorio argentino, aunque más por esnobismo que por convicción de mejoras personales.

N. del R.: A la Pachamana hay que darle de beber para homenajearla, no beberlo uno mismo para “homenajearse”, y al país hay que conocerlo un poco mas allá de la Av. General Paz.

El aprovechamiento de la ignorancia supina

Algunos autores bolivianos indican que el proceso de invención de la patria ancestral indígena en varios países de nuestra América del Sur “se ha basado en el pachamamismo, entendido como la construcción ideológica que instrumentaliza elementos indígenas, resaltando exotismos y fabricando otredades ficticias, con finalidades políticas y sociales ajenas a estos pueblos”.

“El abuso del “esoterismo folclórico” por parte del nacionalismo indigenista es una construcción política que responde sobre todo al tipo de “tradiciones inventadas” por las élites nacionalistas como justificación de la supuesta existencia e importancia de sus naciones”.

A las tradiciones hay que estudiarlas y respetarlas, no bastardearlas.

Bibliografía

AJAYU – Koas para la Pacha. CHUCALEZNA. chucalezna.wordpress.com

BERON, M. y RADOVICH, J.C. (2013). La “Madre Tierra” y sus cultos. Una aproximación a los pueblos originarios de la Argentina. ECUNHI, Buenos Aires. https://www. researchgate.net/publication/263810078

EL LITORAL. (2020). Día de la Pachamama: como homenajear a la Madre Tierra desde casa.  (www.ellitoral.com)

MINISTERIO DE CULTURA DE LA NACION ¿Por qué es bueno tomar caña con ruda cada primero de agosto? www.cultura.gob.ar › por-que-se-toma-cana-con-ruda-

PIGNATELLI, A. (2020). La Pachamama, los ritos de un culto a la madre tierra que perdura a través de los siglos.  www.infobae.com 

PEREZ PORTO, J. y GARDEY, A. (2013). Definición de Pachamama (https://definicion.de/pachamama/)

ROSSI, J.J. y CARBONE, D. (2008). Historia, identidad y culturas originarias de la Argentina. Edit. Galerna. Buenos Aires, 176 p.

SERRANO, A. Los aborígenes argentinos. Síntesis etnográfica. CS Ediciones. 286 p.

SINNOMBRE (2020). La artificial y falsa “Wiphala” de Bolivia contra la “Cruz de San Andrés”. https://somatemps.me/2020/02/20/

SOLA, M.D. (2009). Aborígenes argentinos. Edit. GRADIFCO. Buenos Aires.  272 p.

VARSAVSKY, J. (2020). Mes de la Pachamama: qué es y cómo se celebra. weekend.perfil.com 

WIKIPEDIA. Pachamama.  es.wikipedia.org › wiki › Pachamama.

 

Monografías complementarias

BURBA, J.L. (2016). La Chakana. La cruz más estudiada y menos entendida. Revisión Monográfica 10. http://100historiasargentinas.blogspot.com/

BURBA, J.L. (2016). Wiphala. La bandera que no sabemos usar. Revisión Monográfica 11. http://100historiasargentinas.blogspot.com/