lunes, 31 de enero de 2022

La masacre de Napalpí. Matanza de aborígenes desde un avión

Cuando el poder es impotente para resolver problemas “por las buenas”, apela a su peor versión: la violencia.

Napalpí (un poblado chaqueño de etnias Qom ubicado entre Quitilipi y Machagai, a menos de 30 km de Sáenz Peña), es el punto geográfico de tanta vergüenza ajena y nada de vergüenza propia.

Prohibirles a los aborígenes (dueños ancestrales de esas tierras), salir de los límites provinciales para asegurar la mano de obra casi esclava en obrajes y algodonales, y cobrarles a ellos “por trabajar”, ya es mucho.Cuando las injusticias sociales tienen tal envergadura, todo se desmadra. Los nativos solo se declararon en huelga.

Corría 1929. Marcelo T. de Alvear y Fernando Centeno eran respectivamente Presidente de la Nación y Gobernador de la entonces Territorio Nacional del Chaco, pero sus compromisos siempre fueron con el empresariado, en este caso maderero y algodonero ubicado en las tierras mal obtenidas de los Qom.

Cientos de gendarmes, policías y civiles rodearon la comunidad, mientras un avión (el Chaco 2), ametrallaba desde el cielo dejando cientos de  muertos y heridos que fueron rematados luego a fuerza de machetazos, despedazando los cuerpos para exponerlos a modo de “medida ejemplificadora”.Asesinaron entre 200 y 500 aborígenes y algunos criollos indefensos (aunque hay informes de miles), que participaron de una huelga pacífica.

Han pasado más de 90 años y en los tribunales de justicia siguen litigando los descendientes. El Equipo Argentino de Antropología Forense, que está actuando, quizás logre echar algo de luz frente a tanta oscuridad.

 ¿Dónde está Napalpí?

Es un pequeño caserío ubicado sobre la RN 16 entre Quitilipi y Machagai, a menos de 30 km de la ciudad de Presidencia Roque Sáenz Peña, en la actual provincia de Chaco.

Napalpí era también el nombre de la Colonia Aborigen que, desde 1956, se denomina Colonia Aborigen Chaco, situada unos 11 km al sudoeste del poblado.

En idioma de los Qom, Napalpí es una palabra que significa “cementerio”, o “lugar de los muertos”, y no por nada habrá sido denominada así.

Los antecedentes y el contexto de la época

El exterminio de los nativos, verdaderos dueños de la tierra, no comenzó ni terminó con la Conquista del Desierto de Julio Argentino Roca. Ni “conquista” ni “desierto”. Fue sometimiento, muerte y apropiación de casi toda la cuenca agrícola pampeana, que luego se extendió hacia el sur.

En 1872, luego de la creación del Territorio Nacional del Gran Chaco, el Coronel Obligado desde Santa Fe, comandó las campañas de persecución y muerte en esos parajes.

El noreste de nuestro actual país tenía otras características comparados con los pampeanos: los aborígenes no “maloneaban” (no tenían ni siquiera caballos hasta muy entrado el siglo XX), eran relativamente amables con sus nuevos vecinos, y conformaban una formidable cantidad de mano de obra para las nuevas explotaciones: madera, algodón y azúcar, pero los empresarios y los políticos de turno no se conformaban con eso y fueron por más.

En 1884 el Ejército Argentino había lanzado una campaña militar para someter a los pueblos indígenas del Chaco, lo que dio como resultado la muerte de millares de indígenas y la desintegración social y cultural de numerosas etnias en las actuales provincias argentinas de Formosa y Chaco que en ese momento eran territorios nacionales.

Se fundaron numerosos fortines con el fin de mantener a raya a los indígenas vencidos, y sus tierras (apropiadas por el Estado), fueron vendidas a colonos europeos, en particular italianos y franceses, quienes pronto las destinaron a la producción de algodón.

En 1895 el Ministro de Guerra de Julio A. Roca, Benjamín Victorica, a través de sus embates contra los aborígenes, quebró la resistencia de estos, que terminaron como mano de obra semi esclava en los algodonales y obrajes.

Dijo Victorica en ese entonces:

“Pese a la contundencia, la efectividad y el esfuerzo y buen desempaño de los hombres de los regimientos y de la compañía de Disciplina de la División de la Caballería del Chaco, no se pudio lograr una solución definitiva al problema indígena”. “No dudo que estas tribus proporcionarán brazos baratos a la industria azucarera y a los obrajes de madera”

Juan Bialet Massé fue comisionado a estudiar el estado de las clases obreras argentinas en 1904, y al referirse a las explotaciones del bosque chaqueño, anticipándose a lo que ocurriría 20 años después, dijo:

“Los cultivos de algodón exigen ya una enorme cantidad de brazos para su cosecha y laboreo, y si desde ahora no se endereza su régimen, se corre el riesgo de tenerlo que hacer después de muchas lágrimas y sangre y de daños irreparables.

La rudimentaria población del Chaco se compone de tres elementos esenciales: el indio paria; el correntino nómade, explotado como bestia; algunos extranjeros, y pocos hijos de la región, que hacen la explotación.

Me fijo en primer término en el indio, porque es el elemento más eficiente del progreso e importante en el Chaco: sin él no hay ingenio azucarero, ni algodonal ni maní, ni nada importante. Es él el cosechero irreemplazable del algodón; nadie le supera en el hacha, ni en la cosecha del maní.

Si los propietarios del Chaco miraran este asunto con el más crudo de los egoísmos, pero ilustrado, serían humanitarios por egoísmo, y cuidarían a los indios siquiera como a animales insustituibles para labrar sus fortunas; pero es seguro que no lo harán si la ley no lo impone, y con mano fuerte.

Esto quiere decir que no haya hombres suficientemente ilustrados para tratar a los indios como se debe: cumplir lealmente los contratos con ellos celebrados, pagarles en billetes de la Nación el precio de su trabajo, y dejarlos en completa libertad de gastar su dinero como mejor les cuadre, sin proveedurías explotadoras, sin engaños en los pagos y respetando en ellos su condición de hombres y sus hábitos y costumbres, que tienen el derecho perfecto de conservar, mientras con ellos no causen daño a nadie”

El tiempo pasa y numerosas grupos aborígenes fueron confinadas en Reducciones en donde fueron sometidas a un régimen de explotación muy cercano a la esclavitud.

Una de tales Reducciones era Napalpí, unas 20.000 hectáreas fundada en 1911 a través de un decreto del Presidente Roque Sáez Peña, quien manifestaba:

“Es un deber constitucional del gobierno el trato pacífico con los indios, conservando el factor económico constituido por el indígena y así alejarlo de las tentaciones que la naturaleza les ofrece”.

¿Cuáles eran las “tentaciones de la naturaleza”? ¿Los frutos de la tierra y los ríos utilizados para su alimentación, vestimenta y techo?

Un boletín del Departamento Nacional de Trabajo de 1914, durante la presidencia de Victorino de la Plaza, informaba sobre la mano de obra indígena:

“…la de los Matacos (Wichi), principalmente es la más preferida pues son los más hacendosos, hábiles y útiles, y acaso también por su ignorancia que permite explotarlos en sus jornales”.

“Hacen falta brazos indígenas” “debemos pedir el reclutamiento de indios”. Este era el reclamo de los propietarios al gobierno del Chaco.

Las primeras familias que se instalaron en la Reducción de Napalpí eran de los pueblos Pilagá, Abipón, Toba, Charrúa y Mocoví.

 

En julio de 1924, Federico Gutiérrez (corresponsal del diario La Razón) escribió:

“Muchas hectáreas de tierra flor están en poder de los pobres indios, quitarles esas tierras es la ilusión que muchos desean en secreto”.

Marcelo T. de Alvear era Presidente de la Nación y el Territorio Nacional del Chaco se perfilaba como el primer productor nacional de algodón, y Alvear nombra como Gobernador al estanciero algodonero y político Fernando Centeno

La Reducción Indígena de Napalpí, a 120 kilómetros de Resistencia, ya era un espacio de sometimiento donde los indígenas eran obligados a trabajar en condiciones de semi-esclavitud.

Denunciaban los maltratos y la explotación de los terratenientes chaqueños, y planeaban marchar a los ingenios azucareros de Salta y Jujuy donde las condiciones de trabajo eran “mejores”, pero el Gobernador les prohibió abandonar Chaco y de esa manera asegurar mano de obra barata a las recientes industrias madereras, algodoneras y azucareras.

Los Qom cultivaban su propio algodón en parcelas reducidas, pero las autoridades provinciales de la Reducción no solo les prohibieron salir de la futura provincia de Chaco sino que dispusieron que los indígenas debían entregarles el 15% de su producción y cobrarles $ 10 de flete por tonelada trasladada hasta los acopios.

Esta quita compulsiva provocó gran descontento entre los nativos que se declararon en huelga. El Gobernador inició los preparativos para una feroz y brutal represión, mientras que, en la Reducción de Napalpí, se llevaba a cabo una acción de resistencia.

Los caciques Dionisio Gómez y José Machado entre los Qom, y Pedro Maidana y la cacica Mercedes Dominga, entre los Moqoit, son los nombres que los sobrevivientes mencionan como los referentes de la protesta.

La huelga y la represión

La llamada Masacre de Napalpí fue una matanza cometida por el Estado argentino el 19 de julio de 1924 en la que resultaron asesinados entre 500 y 1.500 personas (la cifras oscilan desde 200 hasta 4.000), pertenecientes a los pueblos Qom, Mocoví, y algunos cosecheros criollos, y se desarrolló cerca de esta reducción en el paraje El Aguará.

Fue llevada a cabo por una fuerza de unos 130 hombres de la Policía Nacional de Territorios con la participación de civiles, bajo órdenes del Gobernador Fernando Centeno, quien, como ya dijimos, respondía políticamente al Presidente Marcelo T. de Alvear.

Los gendarmes y la policía montada estaban al acecho. La policía rondaba la reducción desde hacía dos meses, y la Gendarmería de Línea, desde hacía una semana. Sus nombres, armas y municiones quedaron registrados prolijamente en listados oficiales.

Mientras tanto, el Gobernador entablaba el supuesto diálogo con los líderes indígenas que reclamaban por las condiciones de explotación a las que eran sometidos. Pero era una trampa: al mismo tiempo que desde el Estado se proponía a las comunidades indígenas canales de negociación, se preparaban las acciones punitivas.

En mayo de 1924 el Gobernador Centeno se reunió con los líderes indígenas. Machado le habló en nombre de todos:

“Nuestra posición no es guerrera. Sólo nos reunimos para deliberar entre todos, pacíficamente y en colectividad. Queremos que se suspendan los descuentos de 15 % y de 10 pesos por tonelada sobre lo que cosechamos. Entendemos que la Reducción está para ayudarnos y no para que nos cause perjuicios. Nosotros deseamos vivir en paz y dedicarnos a la cosecha de algodón”.

Para ganar tiempo Centeno aceptó los reclamos y les prometió 1.000 kilogramos de galleta y carne para paliar las penurias de tantos días de huelga, sin embargo solo cumplió con la entrega de la mercadería que decomisó a los comerciantes de Quitilipi.

La huelga prosiguió y los nativos carnearon una vaca de un ganadero vecino. Esto significó el enojo de los colonos que presionaron aún más al gobierno chaqueño.

A muy tempranas horas de ese desgraciado 19 de julio, los represores fuertemente armados con fusiles Winchester y Mauser, rodearon el campamento donde se habían reunido los indígenas en huelga mientras esperaban reunirse en parlamento. Hasta ese momento bailaban en una fiesta religiosa organizada por los chamanes en la zona del Aguará, un área considerada sagrada por los Qom ubicada dentro de los límites de la colonia.

Poco antes de las nueve de la mañana el avión Chaco 2, perteneciente al Aero Club de Resistencia, voló bajo en varias oportunidades reconociendo el terreno, y, según algunas versiones, tirando víveres para obligar a los nativos a salir del monte. Estos saludaban al “pájaro de acero” y convencidos de que los dioses les protegerían de las armas de fuego de los hombres blancos, no se resguardaron de los disparos dirigidos desde el avión al campamento durante 40 a 45 minutos.

Una anciana sobreviviente declaró muchos años después:

“Dijo mi abuelito: ‘No vayan, porque ese está llevando la bomba, vamos a huir. Fue la gente a buscar la mercadería, y cuando están todos juntos largan la bomba. Los que buscaron murieron, nosotros nos salvamos porque mi abuelito no quería que fuéramos, había criaturas. Ellos escaparon, mi abuelito, mi abuelita, mi mamá. Menos mi papá, a él lo agarraron porque quedó ahí. Y nos quedamos en el monte y mi abuelito fue a buscar a no sé dónde para poder comer”.

El uso de la aeronave se encuentra en la foto tomada por el antropólogo Lehman Nitsche (hoy en un museo alemán), lo que certifica que el avión marca Curtiss Jenny, pertenecía al aeroclub del Chaco desde 1923, y que había sido enviado con un instructor, el Sargento Emilio Esquivel, quien fue el piloto el día de la masacre. 

También existen documentos del “pasajero” que iba en el asiento trasero, su nombre fue Juan Browis y había realizado el curso de piloto en el aeroclub del Chaco y su nacionalidad era estadounidense. Algunas versiones invierten el orden en que estaban dispuestos.

Durante las tres horas siguientes los represores entraron por tierra al campamento y persiguieron a quienes se internaban en el bosque para rematar a machetazos a los indígenas que quedaban, muchos moribundos por las balas recibidas, incluidas mujeres y niños. Los heridos fueron degollados, colgados y algunos desmembrados.

Para completar el tétrico cuadro, la policía prendió fuego a los toldos, los cadáveres (algunos quemados), fueron enterrados en fosas (hasta ocho cadáveres en cada una).

Las fuerzas de seguridad se alzaron con el botín de los huelguistas: vacas, ovejas y gallinas.

En el libro Memorias del Gran Chaco, la historiadora Mercedes Silva confirma el hecho y cuenta que al Mocoví Pedro Maidana, uno de los líderes de la huelga:

“Se lo mató de manera salvaje y se le extirparon los testículos y una oreja para exhibirlos como trofeo de batalla”.

Un reciente microprograma de la Red de Comunicación Indígena destacó:

“Se dispararon más de 5.000 tiros y la orgía de sangre incluyó la extracción de testículos, penes y orejas de los muertos, esos tristes trofeos fueron exhibidos en la comisaría de Quitilipi. Algunos muertos fueron enterrados en fosas comunes, otros fueron quemados”.

En el mismo audio, el cacique Toba Esteban Moreno, contó la historia que es transmitida de generación en generación:

“En las tolderías aparecieron soldados y un avión que ametrallaba. Los mataron porque se negaban a cosechar. Nos dimos cuenta que fue una matanza porque sólo murieron aborígenes, Tobas y Mocovíes, no hay soldados heridos, no fue lucha, fue masacre, fue matanza, por eso ahora ese lugar se llama Colonia La Matanza”.

El gobierno festejaba el triunfo junto con los festejos del Club Social de Quitilipi. En ese momento un Comisario le comunicó al Gobernador:

“Vengo a informarle que el facineroso Pedro Maidana, su cadáver, está en la heroica comisaría quitilipense. Los vecinos que quieran ver los trofeos de paz (léase orejas, testículos y esfínteres), que las fuerzas de seguridad ofrecen al pueblo de Quitilipi y a las autoridades provinciales, pueden hacerlo en la comisaría”.

La cena se suspendió y todos marcharon a contemplar el macabro espectáculo: los varones por un lado para mirar una palangana sangrienta con los testículos y orejas del cacique y las mujeres y niños el resto del cuerpo en un calabozo aledaño.

A finales de los años veinte, el periódico Heraldo del Norte recordó así el hecho:

“Como a las nueve de la mañana, y sin que los inocentes indígenas hicieran un solo disparo, [los policías] hicieron repetidas descargas cerradas y enseguida, en medio del pánico de los indios (más mujeres y niños que hombres), atacaron. Se produjo entonces la más cobarde y feroz carnicería, degollando a los heridos sin respetar sexo ni edad”.

En el libro Napalpí, la herida abierta (1998), el periodista Mario Vidal detalla:

“El ataque terminó en una matanza, en la más horrenda masacre que recuerda la historia de las culturas indígenas en el siglo XX. Los atacantes sólo cesaron de disparar cuando advirtieron que en los toldos no quedaba un indio que no estuviera muerto o herido.

Los heridos fueron degollados, también hubo colgados. Entre hombres, mujeres y niños fueron muertos alrededor de doscientos aborígenes y algunos campesinos blancos que también se habían plegado al movimiento huelguista”.

Cuando la masacre terminó, la Reducción Estatal para Indígenas de Napalpí siguió funcionando. Incluso doce años después fueron creadas otras dos Reducciones y puestas bajo el control de la Gendarmería de Línea.

A pesar del asesinato de cientos de personas dentro de una institución estatal realizada por sus propias fuerzas de seguridad, las Reducciones para indígenas continuaron funcionando durante 32 años más, hasta 1956.

En Napalpí el control se profundizó. Se continuó con la utilización de brazaletes para diferenciar a quienes se consideraba “pacíficos” de los que no. La administración de la Reducción elaboró documentos oficiales con listados que incluían el nombre y apellido de quienes se sugería expulsar y se los categorizaba en columnas de “concepto y observaciones”.

Allí se definía a las personas como “inadaptable”, “vago”, “propagandista insidioso contra la administración”, “inepto”, entre otras. 

Y una definición muy explícita era: “formó parte de la sublevación”. Esta forma de marcación negativa de las personas indígenas sometidas en la reducción traía peligrosas consecuencias.

Quienes eran expulsados de la reducción, lo eran a un territorio chaqueño en el que todavía operaban las fuerzas militares y en el que para transitar, al ser indígena, se requería un salvoconducto, “un papel firmado” por alguna autoridad estatal o ingenio privado. No tenerlo implicaba que ese sujeto había fracasado en el intento estatal civilizatorio. 

Ninguno de los represores murió o resultó herido, y nunca se realizó una investigación ni se llevó a juicio a los culpables.

El esfuerzo por el “olvido”

El 29 de agosto, cuarenta días después de la matanza, el ex director de la Reducción de Napalpí, Enrique Lynch Arribálzaga, escribió una carta que fue leída en el Congreso Nacional:

La matanza de indígenas por la policía del Chaco continúa en Napalpí y sus alrededores; parece que los criminales se hubieran propuesto eliminar a todos los que se hallaron presente en la carnicería del 19 de julio, para que no puedan servir de testigos si viene la Comisión Investigadora de la Cámara de Diputados.

Pese a los operativos oficiales de ocultamiento, los legisladores opositores no tenían dudas que en el Chaco habría una masacre de indígenas, y los miembros del Parlamento reclamaron la renuncia del Gobernador Centeno y todo su equipo, además de una comisión investigadora para determinar la cantidad de muertos.

Se convocó entonces a una sesión extraordinaria para interpelar al titular del Ministerio del Interior. La interpelación, que duró seis horas, tuvo lugar el 4 de septiembre de 1924.

El Diputado Francisco Leirós expuso una serie de "hechos que parecen propios de la pesadilla de un loco" y mostró el frasco con las orejas y los testículos del cacique Maidana.

El 21 de julio de 1925 (un año después de la matanza), el Ministro del Interior, Vicente Gallo, reconocía los deseos del Presidente Alvear:

“El Poder Ejecutivo considera que debe encararse definitivamente, como un testimonio de la cultura de la República, el problema del indio, no sólo por razones de humanidad y de un orden moral superior, sino también porque una vez incorporado a la civilización será un auxiliar valioso para la economía del norte del país”.

En territorio chaqueño, el Gobernador Centeno siguió en su cargo, y separó al juez que atendía el caso, reemplazándolo por uno de su confianza, Juan Sessarego. El fiscal Jerónimo Cello, al reclamar que la causa no fuera archivada, fue trasladado a la Cámara de Apelaciones de Paraná, Entre Ríos.

El nuevo magistrado, quien había sido puesto por Centeno en medio de la repulsa popular, sobreseyó a los 80 policías que intervinieron en la matanza.

Los medios de comunicación fueron centrales en la preparación de la masacre, produciendo discursos de malón y de peligro para la población blanca de los alrededores. Luego, también lo fueron invisibilizándola. Antes de la masacre aparecían en los medios los pedidos de “acción” (léase represión) sobre los indígenas de Napalpí.

Pero después de la matanza, la noticia desapareció por completo, salvo en una edición especial, exclusivamente sobre la masacre, que realizó el diario El Heraldo del Norte un año después, en 1925. Edición que debió hacerse desde Corrientes ya que había sido censurada por el gobierno del Chaco.

 

Los medios de comunicación operaron a favor de los sectores económicos más importantes de la provincia relacionando el peligro de la “revuelta indígena” con “los productores”.

 

El diario La Nación, por ejemplo, el día mismo de la masacre publicó una nota mencionando telegramas de preocupación de la Cámara de Comercio del Chaco y de la Sociedad Rural al presidente de la Nación, Marcelo T. de Alvear.

Los reclamos y los “resarcimientos”

En 2004 el Instituto del Aborigen Chaqueño (I.D.A.CH.) en asamblea de 46 comunidades indígenas de los pueblos Qom, Mocoví-Moqoi y Wichi, resolvieron  por unanimidad iniciar una acción judicial de reparación resarcitoria por $ 350.000.000, por daños y perjuicios, garantía de no repetición y solicitud de perdón por parte del Estado Nacional Argentino.

La demanda está fundada en la teoría de la imprescriptibilidad de crímenes de lesa humanidad. Así se comenzó la tramitación del expediente “Asociación Comunitaria La Matanza c/ PEN-Estado Nacional Argentino s/Daños y Perjuicios”. 

Durante 15 años de tramitación judicial negó la existencia de la masacre e interpuso defensas de prescriptibilidad de la acción y falta de legitimación.

En enero de 2008, el gobierno de la Provincia del Chaco, pidió disculpas públicas y oficiales por la masacre y rindió homenaje a la única sobreviviente, Melitona Enrique, que cumplía 107 años ese día, y que fallecería en noviembre de ese año.

Cuando la justicia llega tarde, no es justicia, y cuando la política entra por la puerta la justicia huye por la ventana.

La judicialización y sus respuestas tardías

En 2014 el Estado argentino, investigó, fuera del expediente de indemnización, durante cuatro años los eventuales delitos de lesa humanidad cometidos en Napalpí, para luego solicitar la apertura de un juicio por la verdad, puesto que todos los culpables ya habían muerto. ​

El 25 de noviembre del año 2019 la Juez Federal N.º 1, de Resistencia, Chaco, dictó sentencia de Primera Instancia, reconociendo la existencia de la Masacre de Napalpí y la autoría y la forma en que se produjeron los crímenes masivos, pero hace lugar la defensa de prescripción y falta de legitimación interpuesta por el Estado Nacional Argentino.

Ello produce la apelación ante la Cámara Federal de Apelaciones​ de Resistencia, quienes por unanimidad, el 14 de septiembre del año 2020, revocan el fallo de Primera Instancia declarando la imprescriptibilidad resarcitoria por la Masacre de Napalpí, acaecida 96 años atrás, declara legítima como reclamante a la Asociación Comunitaria La Matanza, quien actuó por sí y en nombre y representación de todo el Pueblo Qom y condenando al Estado Nacional a pagar la cantidad de $ 375.000.000 en concepto de indemnización por daño moral.

Esa sentencia, aunque acredita el hecho, duda respecto a la legitimidad de la Asociación “La matanza” ya que el daño moral y espiritual solo pueden reclamarlo las familias afectadas, sostiene. Pero no hay partidas de defunción ni de nacimiento que acrediten la familiaridad, producto del mismo proceso de sometimiento.

Los fiscales federales de Chaco argumentaron que la matanza se trató de delitos de lesa humanidad, y analizaron la posibilidad de la intervención del Equipo de Antropología Forense (EAAF) para examinar la fosa común donde fueron depositados los cuerpos de los indígenas, recuperación y análisis de los restos con el fin de documentar científicamente información sobre el perfil biológico (sexo, edad) y causa de muerte y analizar cualquier otra evidencia que se recupere.

En el marco de este proceso, con el apoyo de organizaciones sociales como Fundación Napalpí, la Asociación Comunitaria Colonia Aborigen, la Organización Indígena La Matanza, en octubre de 2018 el EAAF concretó una visita preliminar al lugar donde ocurrió los hechos de la masacre y donde se encontrarían las fosas comunes. Se trata de una zona rural de alrededor de 50 hectáreas de superficie ubicada a 150 km aproximadamente de la ciudad de Resistencia.

 

Durante septiembre y octubre de 2019 se iniciaron los trabajos de excavación con resultados positivos.

La memoria y el olvido

En 1994 el Diputado chaqueño Claudio Mendoza propuso al 19 de julio como "Día de los Derechos de las poblaciones Indígenas Argentinas". Ese proyecto, que mereció votación positiva unánime en la Cámara Baja (Diputados), no tuvo la misma suerte en la de Senadores donde "duerme el sueño de los justos".

No obstante su idea fue rescatada a nivel Provincial con la aprobación de la Ley 5.611 que incorpora al Calendario Escolar único y permanente de efemérides de la provincia del Chaco el 19 de Julio como Día de la Masacre de Napalpí y, en la sección del cronograma básico a la semana del 13 al 19 de julio rememorando esa masacre.

En un encendido discurso Claudio Ramiro Mendoza, en oportunidad del tratamiento del proyecto, enfáticamente justificó:

"El recuerdo de esa fecha pretende fortalecer el reconocimiento por parte de nuestro pueblo de todo lo que la Nación Argentina les adeuda a las comunidades indígenas.

Constituye, asimismo, un reconocimiento hacia esas comunidades que han hecho esenciales aportes a nuestro país y a las cuales todavía no les han sido restituidos los derechos inalienables que, como argentinos, les corresponden.

Finalmente constituye un compromiso de todos los habitantes de esta tierra, para que la restitución de los justos y legítimos derechos indígenas se haga realidad en forma inmediata".

 

Bibliografía

ANRed. (2019). A 95 años de la Masacre de Napalpí: Los cuervos no volaron una semana. https://www.anred.org/

BIALET MASSÉ, JUAN (1904). Informe sobre el estado de las clases obreras argentinas. - 1a edición. La Plata: Ministerio de Trabajo de la Provincia de Buenos Aires, 2010. Volumen 1, 231 páginas

BONATTI, A. y VALDEZ, J. (2011). Historias desconocidas de la Argentina indígena. Edhasa, Buenos Aires, 172 p.

CHAINA, P. (2020). Histórica sentencia por la Masacre de Napalpí. https://www.pagina12.com.ar/

DIARIO PRIMERA LÍNEA. (2019). Napalpi: El investigador Alejandro Covello brindó testimonio sobre su Investigación de la participación del Avión Chaco 2. https://diarioprimeralinea.com.ar/

FISCALES. GOB. (2019). Tras un pedido de la Fiscalía, el EAAF comenzó a excavar en el lugar donde habría fosas comunes por la Masacre de Napalpí. https://www.fiscales.gob.ar/fiscalias/

GIORDANO, M. (2016). Masacre de Napalpí: nuevo testimonio revela formas de sometimiento y violencia del Estado. (CONICET – UNNE https://nordeste.conicet.gov.ar/

MUSANTE, M. (2020). Porque tenemos que hablar de Napalpi. https://latfem.org/por-que-tenemos-que-hablar-de-napalpi/

RIVAS MOLINA, F. (2018). La última voz de la masacre indígena de Napalpí. https://elpais.com/internacional/2018/12/10/argentina/

WIKIPEDIA. La masacre de

viernes, 31 de diciembre de 2021

El General Román Deheza y el fusilamiento de prisioneros de guerra

 


Cuando los argentinos buscamos excusas no hay quien nos gane. Pocos nos hacemos cargo de nuestros propios errores, y son “errores más graves” los que comete el enemigo.

La escalada de violencia se hace infinita, las apuestas de muertes se duplican como en un tablero de juego.

Al General Roman Deheza le sobraban medallas por sus actos como oficial de San Martín, Bolívar o Sucre, sin embargo, y a pesar de su experiencia en las guerras por la independencia “mostró la hilacha” en la guerra civil de nuestro país.

Unitario por convicción, participó en la batalla de La Tablada bajo los órdenes del General Paz, quien, a pesar de sus buenas consideraciones, en sus memorias lo calificó: “En una palabra, tenía más brío que cabeza, o según la expresión de Napoleón, no era cuadrado, pues tenía más base que altura”.

Por problemas de venganzas personales, luego de la victoria unitaria en la Tablada, Deheza fusiló “por quinteo” (uno por cada cinco), a los soldados prisioneros del ejército de Facundo Quiroga, quien, continuando el espiral de violencia, lo imitó en varias otras oportunidades.

El contexto de la época

Producido el movimiento decembrista (ocurrió un 1 de diciembre), de Lavalle en 1828, que culminó con el fusilamiento de Dorrego, la Legislatura de Córdoba otorgó al General Bustos facultades extraordinarias para enfrentar al gobierno unitario de Buenos Aires.

El Gobernador expidió una proclama condenando en términos enérgicos a la revolución y procesando al partido unitario.

“Quienes derrocaron al Gobierno general son los mismos que en 1814 pidieron a Carlos IV, un vástago de la Casa de Borbón, para que se pusiese de rey entre nosotros (lo decía por Rivadavia), los que en 1815 protestaron al embajador español en el Janeiro, conde de Casa Flores, que si habían tomado intervención en los negocios de América había sido con el objeto de asegurar mejor los derechos de S.M. Católica en esta parte de América (lo decía por Alvear), los mismos que en 1816 nos vendieron a Juan VI entonces príncipe de Lucca (lo decía por Valentín Gómez y Pueyrredón), en fin, los autores de todas las desgracias en América.

Por eso uno de los primeros objetivos militares de los decembristas fue atacar Córdoba y el General José María Paz, al frente de una fuerza de 1.000 hombres, la invadió. Como no le interesaba un triunfo militar sino el gobierno, y guardaba respeto por Bustos, quiso negociar.

Le pidió a Bustos que llamara a elecciones con el compromiso que ninguno de los dos sería candidato, sin embargo lo arrinconó en San Roque y le exigió que delegara en él el llamado en elecciones. Bustos no aceptó las imposiciones unitarias.

La Batalla de San Roque (lugar del actual Lago San Roque en Córdoba), en abril de 1829, puso fin a la administración de Bustos y a su carrera política, pues su antiguo camarada y subordinado en Arequito, no sólo lo derrotó militarmente sino que lo depuso como gobernante.

Juan Bautista Bustos huyó a La Rioja buscando la protección de Facundo Quiroga que por supuesto encontró, y le dice: 

"Es necesario hacer ver a estos serviles que no somos caciques, sino unos amantes de la libertad de nuestra patria y nuestros pueblos."

A las órdenes del caudillo riojano se produjo la batalla de La Tablada el 22 de junio de 1829, donde el General Paz “con movimiento de contradanza” (según la expresión del “Tigre de los Llanos”), obtuvo una brillante victoria.

El ejército comandado por Paz, numéricamente inferior pero mucha más disciplinada, mejor pertrechada (Paz era in militar muy preparado y gran estratega), y con abrumadora superioridad de artillería y dirigido por un extraordinario táctico-estratega, derrotó a las fuerzas de Quiroga.

El General Román Deheza era Jefe de Estado Mayor en esta batalla. 

¿Quién fue Román Deheza?

Román Antonio Deheza nació en Córdoba en 1791, educándose en el Real Colegio de Monserrat. A los 19 años se enroló en Ejército del Norte como voluntario, y combatió bajo las órdenes del General Antonio González Balcarce en las batallas de Cotagaita, Suipacha y Huaqui.

En 1813 fue enviado a Chile, como oficial de la división cordobesa del Batallón de Auxiliares Argentinos, bajo las órdenes de Las Heras. Dicha tropa estaba destinada a reforzar el ejército chileno, que se defendía de los contingentes realistas enviados por el virrey Abascal. Combatió en las batallas de Cucha Cucha y Membrillar.

Pasó a las fuerzas del general O'Higgins, a cuyas órdenes luchó en la derrota de Rancagua con el grado de Capitán.

Regresó a Mendoza, donde se incorporó al Ejército de los Andes bajo las órdenes del General José de San Martín. En 1817 cruzó la Cordillera de los Andes y combatió en las batallas de Guardia Vieja, Chacabuco, Curapaligüe, Cerro Gavilán, en el sitio de Talcahuano, Cancha Rayada y en la gran victoria de Maipú. Permaneció después en la guarnición de Valparaíso, con el grado de Teniente Coronel.

En 1820 formó parte de la Campaña de Arenales al Perú, como jefe del batallón 11 de infantería - fundado por Las Heras - y peleó en la batalla de Cerro de Pasco, en que tuvo una actuación relevante y por esta victoria fue ascendido al grado de Coronel. Participó en la llamada Campaña a puertos intermedios, interviniendo en el grupo de asalto en el sitio del Callao.

Retirado San Martín, luchó a órdenes de Simón Bolívar en Junín, y a órdenes de Sucre en la definitiva victoria de Ayacucho.

Al año siguiente fue designado jefe del estado mayor del ejército libertador por el General Bolívar, con el que marchó hasta Arequipa y al Cuzco, donde permaneció hasta enero de 1826.

Volvió a Buenos Aires y se unió a la Guerra del Brasil, luchando en las victorias de Bacacay, Yerbal e Ituzaingó. En esta última batalla fue el jefe del estado mayor, ya que el General Mansilla, que ocupaba ese cargo, dirigió tropas en la batalla.

Regresó a órdenes del general Juan Lavalle a Buenos Aires y participó en la revolución de diciembre de 1828.

La Tablada

Cuando el General José María Paz invadió Córdoba, Deheza se unió a este como Jefe de Estado Mayor.

Quiroga debía imponerse a Paz para resguardar el poder federal de las provincias. Dio un largo rodeo desde los llanos riojanos por Rio Cuarto y con 5.000 hombres llegó a Córdoba, evitando cruzarse con los refuerzos que recibía Paz desde las provincias del norte.

 

En las acciones de la Tablada, el 22 de junio y en la madrugada del día siguiente, se batió con denuedo, teniendo a su cargo, el centro de las fuerzas del General Paz.

 

Facundo Quiroga ataca sorpresivamente la ciudad de Córdoba y Paz decidió retomarla, para lo cual envió en misión de exploración a uno de sus oficiales ayudantes, el Capitán Rafael Correa. Este oficial se aproximó demasiado a la ciudad y fue abatido por los federales apostados en la misma.

 

Ante este suceso Paz decidió enviar una comitiva para parlamentar con los federales que defendían las posiciones de la ciudad y persuadirlos de rendirse. Encabezaba este parlamento el Capitán Dionisio Tejedor, de Buenos Aires y amigo del General Paz.

 

Cuando la comitiva se aproximaba a la ciudad portando bandera blanca, Tejedor fue muerto por disparos de mosquetería hechos desde una azotea.

Este hecho decidió a Paz a atacar la ciudad cuando a su vez llegó a su campamento un parlamentario de los federales, el Teniente Coronel José Argüello.

Este aseguró a Paz que el asesinato de Tejedor había sido un error, y que quienes lo habían cometido ya habían sido apresados por los propios federales y esperaban su castigo por el hecho.

Aceptada esta explicación, el General Paz hizo entrar a su ejército en la ciudad y tomó el control de ella, rindiéndose los escasos soldados de infantería que Quiroga había dejado allí. La artillería con que contaban había sido sacada por Quiroga para llevarla a las afueras, más concretamente a La Tablada.

El triunfador, General José María Paz, dijo luego de terminada la batalla. “Me he batido con tropas más aguerridas, más disciplinadas, más instruidas, pero más valientes, jamás”.

El fusilamiento de prisioneros

Tomada la plaza se produjo el fusilamiento de varios oficiales federales prisioneros y también de los cinco soldados acusados de la muerte de Tejedor. ​ El General Paz en sus Memorias atribuye la responsabilidad al Coronel Deheza, el cual obró sin su consentimiento.

¿Por qué Deheza fusila a los prisioneros? Hay numerosas versiones, desde la represalia por las ejecuciones de soldados por parte de Quiroga en Rio Cuarto, hasta por venganza a la muerte de Tejedor, pasando por “exigencias” de las tropas unitarias y su propia torpeza política.

Deheza capturó gran cantidad de prisioneros en la persecución, y había resuelto pasarlos por las armas a todos, para vengarse de las atrocidades cometidas por Quiroga en la toma de la Capital, en las que resultaron víctimas personas de su familia.

 

Este cedió parcialmente en sus propósitos al ruego de varias personas, fusilando “por quinteo” (uno cada cinco al azar), a cientos de prisioneros.

Sea como fuere, para muchos historiadores, Deheza inaugura una modalidad de fusilar prisioneros “por quinteo” luego de terminada la batalla.

¿Cuántos fueron? Nunca se sabrá. Hay versiones desde 2 hasta más de 20 oficiales y cientos de soldados.

 

Deheza le echó la culpa a un tal Comandante Celman y Quiroga juró que fusilaría a cuantos oficiales toma prisioneros en los próximos combates.

 

Sea como fuese, la sangre argentina siguió siendo derramada en nombre de las ideologías. El terror impuesto por Paz en las sierras de Córdoba (cuya población respondía a Quiroga), incluyó torturas y muertes horrorosas

 

El General Paz, refiriéndose al Deheza en sus Memorias dice:

“Era valiente y aún bizarro en el conflicto de una batalla; en tales ocasiones ha prestado servicios distinguidos, y yo le he debido avisos importantes, mejor diré, inspiraciones de genio que me han sido muy útiles y que me complazco en recordar; pero desgraciadamente éstas no se extendían ni una pulgada más del campo de combate, y ni aún allí era generalmente conducido por impulsos nobles y desinteresados, pues se mezclaban muy a menudo cálculos de ambición u otras pequeñas pasiones, de tal modo que sabían modificar su carácter propenso a la crueldad y disponerlo para alguna acción generosa.

Conocía bien el arma de la infantería y no tenía igual en el ejército para conducir en la pelea un reducido número de batallones.

En una palabra, tenía más brío que cabeza, o según la expresión de Napoleón, no era cuadrado, pues tenía más base que altura”.

El desencuentro con Paz

Al reunirse en Junta de Guerra los principales jefes del ejército para nombrar el General que debía comandarlos en reemplazo de Paz cuando este es tomado prisionero, resultó elegido Lamadrid, quien nombró Jefe del Estado Mayor al General Deheza, pero éste descontento, porque pretendía ser él, renunció y se retiró con su División.

 

Enojado con tal decisión de la Junta resolvió abandonar el país, previendo las desgraciadas circunstancias en que iban a encontrarse sus compañeros de causa, pues no tenía ninguna confianza en la capacidad del General Lamadrid. En parte tenía mucha razón ya que Lamadrid fue un militar mediocre.

 

Deheza se estableció al principio en Ocloca, Bolivia, en los últimos meses de 1831, pasando posteriormente al Perú.

 

Cuando el General Paz organizaba el ejército contra Rosas en Corrientes, en 1845, Deheza ofreció sus servicios, que fueron aceptados, siendo nombrado Jefe de Estado Mayor del mismo a pocos días de su incorporación, habiendo realizado su regreso del Perú a través del Brasil.

 

Final y homenajes

Luego de la caída de Rosas en 1852, el General Deheza se retiró a la vida privada en Chile, falleciendo en la ciudad de Valparaíso el 30 de agosto de 1872.

El 4 de diciembre de 1993, más de 100 años después, bajo la presidencia argentina de Carlos Menem y la gobernación de Córdoba de Eduardo Angeloz, los restos mortales del General Román Antonio Deheza y de su esposa fueron depositados en el Cementerio Parque "Los Robles", de la ciudad de General Deheza en la provincia de Córdoba.

   

Bibliografía

CANAVESE, G.F. Román Antonio Deheza. http://dbe.rah.es/biografias/79119/roman-antonio-deheza

LOPEZ MATO, O. (2020). Más bríos que cabeza... La historia del general Deheza. https://www.historiahoy.com.ar/

ROSA, J.M. (1972), Historia Argentina. Tomo IV. Unitarios y Federales (1826-1841). Edit. Oriente S.A. Buenos Aires, 527 p.

TODO ARGENTINA. Román Antonio Deheza. Biografía. https://www.todo-argentina.net/biografias-argentinas/roman_antonio_deheza.php?id=275

TORRES MOLINA, R. (2020). Facundo Quiroga: de la leyenda a la historia. Ed. Continente. Buenos Aires, 304 p.

martes, 30 de noviembre de 2021

María “La Grande”. Cacica tehuelche y hábil diplomática

 


Mariquita la llamaban sus padres cuando pequeña, pero ese diminutivo cambiaría radicalmente cuando se transformara en una cacica casi incomparable de su pueblo tehuelche, con habilidades impropias de su tribu y de su tiempo.

Tal vez sea quien tuvo el dominio del territorio aborigen más extenso de nuestra actual Argentina entre 1920 y 1940, que de norte a sur abarcaba desde el sur del Rio Negro y terminaba en el Estrecho de Magallanes.

Poco se sabe de su niñez y juventud, pero los relatos históricos de Darwin, Fitz Roy, Piedra Buena, entre muchos otros, dan cuenta de quien fue María en su adultez.

Fue ella quien, en combinación con Vernet (Gobernador de las Malvinas), planearon el desarrollo de negocios y relaciones culturales para que fueran “fijando soberanía” sobre las islas.

No pudo ser. La invasión del poderío inglés de 1833 frustró el proyecto.

Esta es una linda historia que habla de las buenas relaciones entre los dueños de las tierras y sus “nuevos vecinos”.

¿Quién fue María?

Con ese nombre español fue bautizada por sus padres (el cacique Vicente y su esposa Cogocha), una familia tehuelche meridional (posiblemente aónikenk), cuando nació en algún lugar de nuestra Patagonia, tal vez en 1780. Tuvo dos hermanos menores (Bysante y Huisel), famosos por su corpulencia y vigor.

El nombre cristiano (María de la Asunción), de la cacica (término aceptado por la RAE), fue fruto de su bautismo en el Fuerte Nuestra Señora del Carmen (Carmen de Patagones, en la provincia de Buenos Aires).

La inquieta Mariquita, como la llamaban, fue criada en las costumbres rurales aborígenes del momento, mientras que aprendía a hablar español con la enseñanza de su madre, quien era lenguaraz de la tribu, y que lo había aprendido en su contacto con los sacerdotes evangelizadores y como resultado de la interacción con las colonias españolas establecidas en el litoral atlántico a fines del siglo XVIII.

Fue el Teniente Juan José Elizalde al desembarcar en las costas de Santa Cruz quien da referencia por primera vez de una niña de 12 años, que por su desenvolvimiento llamaba la atención, y que varios años después se transformaría en una cacica de notable oratoria y capacidad para manejar pacíficamente a los guerreros de su tribu.

Se casó con Manuel, un tehuelche que hacía gala de la denominación de “patagones” en referencia a los hombres fornidos y de pies grandes a que hicieron referencia los antiguos marinos españoles, con quien tuvo cinco hijos.

A pesar de las costumbres nómades de los tehuelches, que armaban sus carpas de cueros y pieles donde más les convenía, Manuel y María vivían con cierta permanencia en Bahía San Gregorio en el Estrecho de Magallanes.

A los 40 años de edad, tomó el cacicazgo heredando a su padre, Vicente, quien desde hacía muchos años negociaba con extranjeros en varios puntos de la Patagonia.

Las habilidades de María para ordenar, montar a caballo, lograr el respeto de su tribu,  negociar carne, pieles, mantas de guanaco y plumas de ñandú por espadas, cuchillos, tabaco, yerba mate, frenos, monturas, fusiles, plomo para balas, paños, cuentas, harina, azúcar y alcohol, entre otros codiciados bienes del blanco, le hicieron fama entre los cazadores de lobos marinos y balleneros argentinos y extranjeros.

Era hábil jinete a diferencia de las otras mujeres de la tribu y no se pintaba su cara como ellas. Se la veía siempre con un par de aros de medalla con la imagen de la Virgen María, y prendedores de bronce (regalo de un lobero norteamericano), que fijaban sus mantos sobre el pecho.

Fitz Roy, quien regresó a la toldería para aprovisionarse de alimentos en una segunda expedición, tuvo oportunidad de presenciar la ceremonia religiosa oficiada por la cacica y la devoción que le profesaban sus seguidores.

Usando una pequeña figura de madera, que María llamaba “su Cristo”, con quien decía hablar, realizaba, en un interesante sincretismo religioso, una ceremonia donde se mezclaban ritos indígenas y cristianos. Esto le habría valido el sobrenombre de “Santa María” que le puso Charles Darwin.

En un momento del ritual, la cacica ordenaba a su marido Manuel perforar los brazos y orejas de los hombres con una lezna, provocando el sangrado, lo cual era considerado por sus seguidores como un verdadero honor.

María tenía muchos refugiados en sus tolderías, desertores de buques loberos o prófugos de la justicia, algunos fueron sus protegidos y otros sus enemigos.

Fue amiga y colaboradora de Luis Piedra Buena, el Perito Moreno, Carlos Moyano y Ramón Lista

Muchos misioneros y aventureros pasaron por los toldos de María, pero el destino le tenía reservado un rol más importante que el de cacica.

Su encuentro con Vernet

Luis Vernet, un natural del puerto de Hamburgo, fue un hábil comerciante  radicado en Argentina en 1819, dedicándose con el tiempo al negocio del ganado en el sur de la provincia de Buenos Aires.

El Gobierno de Buenos Aires le otorgó en 1823 la concesión para el aprovechamiento del ganado vacuno y el de los lobos marinos de la Isla Soledad. Las Malvinas habían sido tomadas formalmente bajo posesión argentina el 6 de noviembre de 1820.​

Vernet se trasladó hacia la isla donde comenzó con el desarrollo del lugar, llevó caballos y lanares, rehabilitó varios edificios que se encontraban abandonados y semi destruidos.

No sólo realizó una tarea colonizadora del lugar sino que también emprendió investigaciones científicas para el mejor conocimiento de las islas. Los estudios incluían, un estudio de los lugares para futuras colonizaciones y posibles producciones en ese lugar. En esto colaboró activamente su joven esposa.

La tarea de Vernet activaba zonas comerciales nunca utilizadas hasta el momento pero además confirmaba así la soberanía argentina en el lugar. Pese a que, la primera expedición de 1824 fracasó, hacia 1826 el segundo intento de establecimiento prosperó rápidamente. Para las tareas, Vernet llevó a las islas muchos gauchos de las pampas rioplatenses.

Vernet hablaba de unos 300 habitantes en la isla, de los cuales la mitad eran fijos. Los 150 pobladores aproximados eran, en su mayoría, originarios de las provincias de Santiago del Estero, Entre Ríos, Córdoba, Buenos Aires y Santa Fe. También había paisanos uruguayos, del Litoral argentino y Tehuelches de Patagonia, que eran mayoría y con quienes Vernet mantuvo relaciones comerciales por el saladero de la península Valdés.

En cuanto a los europeos, había campesinos alemanes, escoceses, franceses, portugueses, españoles, pescadores y marinos genoveses, ingleses, irlandeses, holandeses, entre otros. También hubo colonos británicos. Incluso llegaron a la isla esclavos adolescentes africanos tras la Guerra del Brasil. Algunos de ellos para ganar su libertad debían pasar en las islas diez años.

Por orden de Vernet, al llegar, todos los colonos recibían tierras, semillas y herramientas. Además, se creó un clima de camaradería y solidaridad entre ellos. Los integrantes de la colonia se dedicaban a la caza, la domesticación del ganado, construcción de corrales, ranchos, casas de piedra y salazón de carnes.

Algunos realizaban actividades vinculadas al comercio o algún oficio y otros eran marineros de las naves de paso que preferían quedarse a vivir allí, por ser desertores o sobrevivientes de naufragios.

El negocio e Vernet era capturar el ganado salvaje para su sacrificio, y vender los productos resultantes. También estaba entusiasmado con las perspectivas de la caza de anfibios, salazón de cueros vacunos y equinos y el tráfico naviero.

Simultáneamente al negocio en las Malvinas, Vernet con otros socios comenzaron a explotar el ganado vacuno y las salinas de la península Valdés en la actual provincia del Chubut.

Debido a su experiencia en la península, Vernet tuvo contacto amistoso y comercial con los tehuelches.

Corriendo el año 1823 pactó una reunión con estos, pero hasta que no llegara el cacique la misma no podía comenzar.

El gran jefe tehuelche arribó y Vernet quedó asombrado que una mujer cuarentona y de muy buen porte, acompañada por más de mil jinetes de la tribu, lo invitaba a negociar y conocer los derechos que su pueblo tenía sobre ese territorio y su posición respecto al ganado cimarrón que lo consideraba propio.

Vernet fue años más tarde el primer comandante político y militar argentino de las Islas Malvinas (y adyacentes al cabo de Hornos en el océano Atlántico), y entre sus principales objetivos estaba la promoción y estímulo para que algunos indígenas se instalasen en la colonia.

Más tarde, en 1831, siendo ya Gobernador de Malvinas, Vernet (llamado por algunos historiadores “el caballero” de las islas), invitó a María a visitar Puerto Luis (al noreste de la isla Soledad), reconociendo su poder. Le ofreció transportarla junto con su gente.

El propósito de la visita era proponerle a María “asociarse” y crear una factoría en la Bahía San Gregorio, la que gozaba de protección por parte de la cacica.

La leyenda dice que el viaje en barco fue difícil y que María sintió la fuerza del mar en su cuerpo. La goleta al mando del segundo de Vernet en las islas, Matthew Brisbane, había partido tiempo antes del continente con proa al mar abierto. En las costas de la Isla Soledad, los colonos se reunieron a la espera de los invitados.

Estaban nerviosos, sabían que los tehuelches tenían costumbres diferentes: que no dormían en camas, vestían con cueros de guanaco o zorrino y que jamás comerían pescado, ya que según sus creencias su dios Elal había condenado a los primeros tehuelches a convertirse en peces por haber violado un tabú sexual. 

María aceptó la invitación y el 15 de enero se embarcó hacia las islas acompañada de una mujer de su confianza, su hechicero y algunos miembros de su tribu. Su escasa “adaptación” al mar abierto hizo que el viaje sea incómodo por los mareos, pero a ella le importaban más las relaciones humanas que una simple descompostura.

La visita fue de lo más cordial. María Sáez de Vernet, la esposa del Gobernador, atendió a María como una visita diplomática intercambiándose regalos. Vernet le obsequió un vestido azul, y frenos, espuelas y estribos hechos especialmente para ella por el herrero de la isla Soledad. La cacica le obsequió un quillango de guanaco como ofrenda a la mujer de su anfitrión y algunas tallas de madera representando aves marinas y ballenas.

La primera noche María Vernet tocó el piano para la invitada. Luego la voz de la cacica se hizo escuchar en un canto conmovedor.

María La Grande compartió los modales de la época en la casa del gobernador. Allí vio la bandera de Belgrano y el escudo. Allí se “sintió argentina”.

Luego de conocerla mejor, Vernet la bautiza como María La Grande, por similitud con la conocida Catalina La Grande de Rusia.

En sus quince días de estadía recorrió la isla y conoció los almacenes, el saladero y la herrería. Todo parecía encaminarse para que los blancos se afincaran en las tierras tehuelches y viceversa.

La iniciativa de la colonia quedó en nada debido a los sucesos que ocurrieron en las islas poco después. En 1833 las islas Malvinas fueron ocupadas por los ingleses.

Final y honores

Mientras María vivió, no hubo guerras tribales en la región y ninguna tribu tomaba decisiones de importancia sin previamente consultarla. Cuando murió, tal vez en 1840, María rondaba los 60 años, y ya la llamaban “la vieja María”.

Otros relatos, no muy precisos, sostienen que falleció alrededor de 1848. Tanto el año de nacimiento como el de la muerte tienen diversas versiones, ya que no hay documentos que los certifiquen formalmente.

Cuando se corrió la voz de su muerte en en toda la Patagonia se encendieron hogueras de homenaje durante tres días desde el estrecho de Magallanes hasta el Río Negro, siguiendo los pasos por donde María pasaba. En su lugar de residencia sus mantas, su quillango de piel de zorrino, sus arreos y todas sus pertenencias fueron quemados.

Su figura quedó en la historia como la mujer que llevó la sangre tehuelche a las islas Malvinas.

Se cuenta que María La Grande tuvo una nieta también llamada María, que tuvo mucha influencia sobre su gente. Esta a su vez tuvo una hija, también llamada María, que dicen que era hermosa, además de blanca y rubia.

Carlos María Moyano, un mendocino subalterno de Luis Piedrabuena, y explorador de la Patagonia junto con el perito Francisco Moreno, habría tenido dos hijos con esta bisnieta de María La Grande, de quienes se hizo cargo enviándolos a Mendoza.

Esto sucedió antes de ser nombrado primer Gobernador de Santa Cruz y de su matrimonio con Ethel Turner la sobrina del gobernador inglés de las islas Malvinas, a quien conoció en un viaje a las islas para comprar carbón.

Las exequias que se le tributaron a María, presenciadas por Casimiro Biguá (quien sería su inmediato sucesor en el cacicazgo), son muestra fiel del poder que esta cacica llegó a alcanzar.

Luego de leer esta historia simple, a muchos de nosotros se nos ocurre que la habilidad de la gente de aquel momento tenía un plan táctico para recuperar y mantener Malvinas bajo nuestra soberanía, mientras que los sucesores fueron más torpes y menos audaces.

 

Bibliografía


BUSCAGLIA, S. (2019). El origen de la cacica María y su familia. Una aproximación genealógica (Patagonia, siglos XVIII-XIX)», Corpus [En línea], Vol. 9, No 1 | 2019, Publicado el 31 julio 2019, consultado el 23 abril 2021. URL: http://journals.openedition.org/corpusarchivos/2915; DOI: https://doi.org/10.4000/corpusarchivos.2915

 

INFOJUS NOTICIAS. María La Grande: La cacica tehuelche que comerció con Malvinas. http://www.archivoinfojus.gob.ar/nacionales/maria-la-grande-la-cacica-tehuelche-que-comercio-con-malvinas-

 

NOVACK, M. (2017). María la "grande".  Nuevo Diahttps://www.eldiarionuevodia.com.ar/

PLAGER, S. y FRAGA VIDAL, E. (2005). Vernet, caballero de las islas. Ed. Sudamericana, Buenos Aires. 224 p.

 

PUEBLOS ORIGINARIOS. BIOGRAFIAS. https://pueblosoriginarios.com/biografias/ maria.html

 

VAZQUEZ, P.A. (2021), María Grande: la cacique tehuelche relacionada con Vernet, las islas Malvinas y Rosas. LA PRENSA. http://www.laprensa.com.ar/501151-Maria-Grande-la-cacique-tehuelche-relacionada-con-Vernet-las-islas-Malvinas-y-Rosas.note.aspx

 

WIKIPEDIA. (2020) María La Grande. https://es.wikipedia.org/wiki/Mar%C3% ADa_la_Grande