martes, 6 de febrero de 2018

El Humahuaqueño. ¿Quién lo diría?



Seguramente bailamos este carnavalito en decenas de fiestas de la escuela primaria, y lo vimos bailar y lo escuchamos en cientos de festivales, pero pocos sospechábamos de su verdadero origen.

Este ritmo, tan caro a nuestros sentimientos, al escucharlo y reproducir su letra, nos imaginamos que su autor era un nativo de la bella Quebrada de Humahuaca, en Jujuy, hombre tranquilo, con una humildad al hombro que le permite disfrutar de su paisaje, pero no es así.

El autor de letra y música de El Humahuaqueño es un porteño (Edmundo Zaldivar), un tanguero que no conocía la Quebrada y que inspira su ritmo en el traqueteo continuo y sistemático del tranvía en que viajaba a trabajar.

Hoy sus restos descansan en Humahuaca bajo un monumento que recuerda su memoria y su obra (considerada un himno para el pueblo jujeño), y la fecha de su desaparición (el 7 de febrero), se transformó, desde 1982, en el Día del Carnavalito.

Se estima que existen más de 1.400 versiones y fue traducido a más de 70 idiomas, convirtiéndose en la música argentina más difundida en todo el mundo.

Así son las cosas de nuestra tierra.

viernes, 26 de enero de 2018

No cantemos por cantar 2



Como dijo una amiga y vieja compañera de peñas, no podemos cantar sin saber lo que decimos, ni conocer a quien nombramos.
Cada palabra que un poeta pone en boca de un cantor necesita ser aprendida y aprehendida, y así poner sentimiento en la interpretación.
Escribí hace un tiempo algunas reflexiones al rememorar Cielos de los Tupamaros (aquel cielito de la época colonial), y ahora lo hago con Zamba de los mineros, una pieza bellísima que muchos cantan y que tiene decenas de referencias que la gran mayoría desconocemos
Localidades, costumbres y vocablos fueron puestos en la poesía de Jaime Dávalos y que le diera música el Cuchi Leguizamón, pero no son palabras. Detrás de cada una hay historias de gente.

jueves, 18 de enero de 2018

La 7 de abril. Una historia controversial



Muchas veces escuché la zamba Siete de Abril sin reparar que en las varias letras que tiene, nunca se hace mención a la fecha. Me puse a averiguar el por qué.

Cuando no. Parece que los argentinos tenemos en el ADN la costumbre de armar una controversia casi por cualquier cosa, y esta vez lo vamos a ver en el simple desarrollo de una zamba.
Esta no es cualquier zamba, es la que le dio lugar a la fecha del Día de la Zamba.

Nadie sabe por qué se llama así, aunque hay teorías.
Hay un pueblo tucumano con su nombre, aunque nadie cree que se refiera al nombre de la zamba, y para mas, se pelean santiagueños y tucumanos por su autoría.

Así como la letra de La López Pereyra no tiene nada que ver con esos apellidos, la 7 de abril tampoco la tiene con la fecha.

viernes, 12 de enero de 2018

Chancay, una cuestión de honor



Cuantas veces habremos visto la figura del Granadero Pringles arrojarse al mar con su caballo, y suponer que allí murió.

Esto es consecuencia de esa visión “epica” (poesía heroica), de la historia que nos quisieron mostrar.

Juan Pascual Pringles era un puntano que tenía como principio “hemos venido a vencer, no a rendirnos”, y este lo llevó a ganar la confianza de San Martín en su campaña al Perú, y el respeto de Facundo Quiroga hasta la hora de su muerte, aunque fuesen enemigos.

Chancay fue el escenario que mostró de que se trata de honor.

jueves, 4 de enero de 2018

El día que los Pampas “le mojaron la oreja” al Toro Villegas



Conrado Villegas era un pituco militar con fama de bravío a la hora de la lucha y jefe del famoso Regimiento 3 “de Fierro”.

Obsesionado con la lucha contra los malones sostenía que solo con buena caballada se los podía combatir, y así empezó su tarea que terminó en mito: Los Blancos de Villegas.

Tan famosos eran esos caballos que los Pampas armaron un plan para robarse los 600 animales que significaban tanto para el Ejército y para Villegas en particular. Si lo lograban sería un duro golpe al orgullo de éste. Una “mojada de orejas” imperdonable.

La cosa no fue sencilla. Se robaron los Blancos de Villegas y huyeron con estos, pero en un descuido, y mientras festejaban la hazaña, luego de varias situaciones enojosas, un grupo de soldados de frontera los recuperaron.

Momentáneamente se “salvó el honor”, pero aún hoy en las pampas se habla de la burla que significaba birlarles los famosos caballos en las propias narices del “Toro” Villegas (como le decían los aborígenes).

martes, 19 de diciembre de 2017

Tumusla. Un pequeño combate para una gran causa.



No fue la Batalla de Ayacucho la última de la causa independentista de América del Sur, aunque muchos historiadores así lo proclamen, poniendo de manifiesto fuertes diferencias conceptuales sobre la América Grande.

Fue en Tumusla, un pequeño poblado donde se llevó a cabo un combate muy singular que le da la independencia definitiva al Alto Perú (hoy Bolivia), en 1825.

No faltaron traiciones ni cambios de bandos, pero el General realista Pedro Antonio de Olañeta (viejo conocido por sus incursiones a Jujuy y Salta, y autor intelectual del asesinato de Martín Miguel de Güemes), paga con su vida la soberbia de enfrentarse a una fuerza menor.

Distintas visiones de historiadores bolivianos, peruanos y argentinos le ponen su cuota personal a esta acción, que recién en el año 2014 fue declarado Patrimonio Cultural e Histórico del Estado Plurinacional de Bolivia.

Fue realmente reconocida su importancia como el final de las luchas contra la corona española. Veamos de que se trata.

viernes, 15 de diciembre de 2017

Juan Larrea. Una curiosa forma de patriotismo, corrupción y muerte



Español de nacimiento, Juan Larrea abrazó la causa patriota luchando contra las invasiones inglesas, siendo vocal de la Primera Junta, Constituyente en la Asamblea de 1813, Triunviro, Ministro de Hacienda y Embajador, sin embargo una sombra de corrupción lo seguirá hasta su muerte.

En los inicios de su actividad fue “alzaguista” (en contra de Liniers), “morenista” (en contra de Saavedra), y anti rosista hacia el final.

Si bien se dice que contribuyó con parte de su fortuna a la formación de las fuerzas armadas de una patria en formación, su sociedad con William Pio White, un norteamericano de moral sospechosa, lo coloca en muy mala posición con la compra de armas.

Refugiado y empobrecido decide el peor camino, suicidándose al cortar su cuello con la navaja de afeitar.