sábado, 22 de mayo de 2021

Grietas eran las de antes. El federalismo en Córdoba

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El contexto de la época

La ciudad de Córdoba había sido, durante dos siglos, mucho más importante que Buenos Aires.

Fue Capital de la Gobernación del Tucumán, y más tarde de la Intendencia de Córdoba del Tucumán, además era sede ni más ni menos que de la Universidad Nacional de Córdoba.

La fundación del Virreinato del Río de la Plata invirtió los roles, y Buenos Aires pasó a ser capital de un territorio que incluía a Córdoba. Incluso la Real Audiencia fue instalada en la capital del virreinato.

Pero los cordobeses no se habían resignado a ser subordinados de los porteños, y mantuvieron una larga tradición de autonomía frente a Buenos Aires. Ésta pudo hacer eclosión al estallar la Revolución de Mayo, pero la derrota de los realistas dirigidos por Santiago de Liniers les obligó a actuar con cautela, ante las posibles acusaciones de ser contrarrevolucionarios.

De todos modos, varios dirigentes locales intentaron lograr una cierta autonomía local frente a Buenos Aires. Durante un corto tiempo, el Deán Funes logró ser uno de los dirigentes más importantes de la Junta Grande de gobierno.

El centralismo porteño no quería saber nada que no fuese “mirarse el ombligo”. Ni el Primer Triunvirato, ni el Segundo, ni el Directorio reconocieron prácticamente ningún derecho de autogobierno a las provincias.

Muchos dirigentes cordobeses, sinceramente afectos a la Revolución, se fueron retrayendo de toda actuación pública. Una sorda oposición, dirigida por varios abogados, curas y militares había ido creciendo hacia la dominación directoral.

La revolución federal, dirigida por José Artigas en la Banda Oriental, se había expandido desde 1814 sobre las provincias de Entre RíosCorrientes y Misiones. Transcurrido el primer año de la guerra entre Artigas y el centralismo del Directorio, la victoria de Guayabos, en enero de 1815, sobre las huestes de Manuel Dorrego permitió a los federales orientales dominar todas esas provincias y significó la liberación de la Banda Oriental de la dominación directoral.

Se inició así el período de máximo poder del héroe oriental. Esto fue el germen de la independencia de Uruguay, que se concretaría doce años después, en 1828.

Para los cordobeses era una oportunidad para desligar a Córdoba del Directorio. Los federales cordobeses comisionaron entonces a Juan Pablo Bulnes y Lorenzo Moyano para solicitar ayuda a Artigas. Este poco podía ofrecer pues tenía sus fuerzas comprometidas en el operativo de Santa Fe y esperaba una contraofensiva porteña

Claro está que, si entre los liberales existían profundas diferencias ideológicas, no lo eran menos la de los federales. Había federales bonaerenses y federales provinciales, federales del litoral y federales del interior.

Artigas que fue aliado de Francisco Ramírez, terminó siendo vencido por este, y Dorrego que combatió junto a Lavalle en nombre del Directorio, fue fusilado por este último.

Con apoyo del mismo Artigas, que se trasladó a Santa Fe, estalló en esa provincia una revolución que llevó al poder a los federales. Pocos días más tarde, a fines de marzo, Artigas, envalentonado por el triunfo, envió una carta al Gobernador de Córdoba, Francisco Ortiz de Ocampo (nombrado por el Director Gervasio Posadas), en la que le decía:

“es necesario de V. S. y las tropas que oprimen a ese pueblo le dejen en el pleno goce de sus derechos, retirándose a Buenos Aires en el preciso término de 24 horas. De lo contrario marcharán mis armas a esa ciudad, y experimentará V. S. los desastres de la guerra.”

No tenía intención ni posibilidades de hacer semejante campaña, pero la amenaza surtió efecto: el 29 de marzo de 1815 renunciaba Ocampo y, en su lugar, el Cabildo de Córdoba, en el primer acto de soberanía provincial, nombraba Gobernador al Coronel José Javier Díaz, natural de Villa del Totoral, hombre fuerte en la política por su poderío económico y su jerarquía militar, obtenida por su participación durante las Invasiones Inglesas.

Si bien Díaz era un autonomista cercano a Artigas, nunca llegó a romper con el Directorio. Envió sus diputados al Congreso de Tucumán, pero nunca se sometió a la autoridad política de Artigas.

Díaz asumía el mando de toda la gobernación-intendencia y así lo notificó a Artigas, pero también lo hizo con el director Alvear. Este doble juego obedecía a que Córdoba aún no podía prescindir de Buenos Aires y volcarse de lleno a la protección de Artigas. Aunque éste amenazaba la capital, el directorio de Alvear todavía estaba en pie.

Por otra parte, Eustoquio Díaz Vélez, en representación de la Junta de Observación (organismo que controlaba la conducta de los Directores), firmó el Pacto de Santo Tomé con el representante de la provincia de Santa Fe, el 9 de abril de 1816.

Mediante este acuerdo, se dispuso la evacuación inmediata de todos los efectivos porteños que ocupaban la provincia de Santa Fe y el reemplazo de Manuel Belgrano, a cargo del Ejército, por el propio Díaz Vélez.

Así finalizó la lucha entre Buenos Aires y la “Liga de los Pueblos Libres”, (integrada por las provincias de Córdoba, Corrientes, Entre Ríos, Santa Fe, la Banda Oriental y los pueblos de las Misiones), liderada por Artigas.

Al conocerse en Buenos Aires los términos de este Pacto y que las tropas al mando de Díaz Vélez estaban dispuestas a forzar con las armas su cumplimiento, el Director Supremo Álvarez Thomas, enemigo de Artigas, presentó su renuncia.

El federalismo cordobés se divide

A pesar de ser un jefe federal, Díaz rechazó el pedido de auxilio del Gobernador artiguista de Santa Fe, Mariano Vera, para defenderse de la invasión porteña de Eustoquio Díaz Vélez, ya que había jurado obediencia al Congreso de Tucumán, pero también al Directorio.

Eso lo hizo enemistarse con los demás jefes federales, y el jefe de las milicias de la ciudad, Juan Pablo Bulnes, un artiguista férreo, se sublevó contra Díaz.

Pueyrredón, a cargo del Directorio, aprovechó su debilitamiento para relevarlo del mando provincial, pero Díaz le contestó que había sido electo por el Cabildo, y sólo éste lo podía deponer.

Díaz había mantenido buenas relaciones con el Director Álvarez Thomas, y organizó las reuniones entre San Martín y Pueyrredón, a través de las cuales se plasmó la idea de organizar el Ejército de los Andes.

Díaz cooperó con ambos Generales para garantizar el triunfo independentista. Crea la fábrica de pólvora en Colonia Caroya y aporta fondos y hombres para la campaña.

Los diputados cordobeses, por su parte, que formaron parte del Congreso de Tucumán, se opusieron al traslado del mismo a Buenos Aires, votado por la mayoría, incluso tres de ellos, Eduardo Pérez BulnesJosé Antonio Cabrera y Miguel Calixto del Corro, se negaron a trasladarse a la capital.

Anticipaban que las provincias perderían la poca autonomía que habían logrado con la reunión en Tucumán. Uno de los diputados, sin embargo, Jerónimo Salguero, accedió a trasladarse a Buenos Aires, y Díaz adoptó esa misma posición, desautorizando a los otros tres. Se había abierto una división entre los federales de la provincia.

El federalismo de Díaz se distinguía del artiguista en que el cordobés no era un separatista ni bregaba por un sistema confederal. La independencia de la "provincia" importaba sólo una separación provisoria del gobierno de Buenos Aires hasta que un congreso general estableciera la forma de gobierno.

En realidad el objetivo de Díaz era lograr una conciliación entre Buenos Aires y la Banda Oriental, pretendiendo con ello sentar las bases de una organización nacional, pero esta posición mediadora implicaba de alguna manera para Córdoba considerarse fuera de la Liga de los Pueblos Libres.

De aquella línea de autonomistas-artiguistas, fue Bulnes su representante más fiel. Con él, Díaz mantuvo una relación ambivalente. Fue conciliador al principio, y al final rompió debido a las presiones del Congreso de 1816, que rechazaba de plano la participación del artiguismo. Tales disensiones se sintieron inclusive en el seno del propio Cabildo local.

Bulnes rompió de modo definitivo con Díaz, pues aspiraba a mantener un programa político de mayor contenido plebeyo, apoyando una geopolítica regional integradora de todas las provincias con el Litoral y se dirigió hacia Santa Fe con algunas tropas.

Al saber que esa provincia había acordado el Pacto de Santo Tomé, regresó sobre la ciudad de Córdoba y atacó a los leales a Díaz, derrotándolos en las afueras de la ciudad. Díaz se retiró a su estancia, de donde salió para entregar el mando, en septiembre de 1816.

Bulnes no sólo planteaba reformas agrarias, sino reivindicaciones sociales ancestrales, pues contenían a soldados de notoria diversidad étnica, como los indígenas guaraníes y los charrúas, aunados a la peonada gaucha de Santa Fe, Entre Ríos, Misiones y la Provincia Oriental.

En Córdoba, a principios de 1817, las posiciones moderadas comenzaron a prevalecer sobre el discurso de máxima presión contra el gobierno central.

Familia y política

Para reemplazar a Díaz, el Director Supremo eligió a Ambrosio Funes, hermano del Deán Funes. Funes era el suegro de Bulnes, por lo que éste lo reconoció como Gobernador. Una semana más tarde, Funes arrestó a su yerno Bulnes.

En enero de 1817, Belgrano ordenó a Funes que le entregara a Bulnes, pero éste lo ayudó a escapar el 26 de enero de 1817.

Rápidamente, Bulnes organizó una revolución y derrocó a su suegro con ayuda de Agustín Urtubey. Lo envió preso hacia Buenos Aires, junto al coronel Francisco Sayós, el doctor Manuel Antonio Castro y el Deán Funes. Estando en camino, los Funes y sus compañeros de prisión consiguieron sublevar a sus guardias y regresar a la ciudad al frente de ellos.

Bulnes fracasó en formar un gobierno, y un Cabildo Abierto eligió gobernador a su enemigo Juan Andrés de Pueyrredón, hermano del Director Supremo.

Bulnes y Urtubey, fracasados políticamente, decidieron no combatir y huyeron hacia Santa Fe, pasando más tarde a la Banda Oriental, donde secundaron a Artigas. El 12 de marzo de 1817 asumió como gobernador Manuel Antonio Castro, salteño, nombrado por Pueyrredón.

Los caudillejos del sudeste

El nuevo Gobernador nombró a Juan Andrés de Pueyrredón como comandante de la frontera Este de la provincia, y por orden del General Juan Bautista Bustos quedó al mando del fuerte de Cruz Alta (al sudeste de Marcos Juárez), con la misión de detener los ataques del caudillo federal Estanislao López desde Santa Fe.

Pero aún quedaban los hombres que había reunido y entrenado Bulnes. Estos se dispersaron por el este de la provincia, llevando las ideas federales que rápidamente prendieron en la población.

Desde mediados del año 1817, los Comandantes José Antonio Guevara, de El Tío (ubicado entre la ciudad de Córdoba y San Francisco), y Felipe Álvarez, de Fraile Muerto (hoy Bell Ville), al frente de sus montoneras, tuvieron en jaque a las fuerzas directorales en toda esa región.

Don Felipe Álvarez, Maestro de Posta y Comandante de Armas devenido montonero no tuvo un final feliz. Por las mutaciones políticas de la época, los caudillejos locales quedaban entrampados en la maraña de esos cambios.

Felipe Álvarez fue fusilado en Mendoza junto al caudillo chileno José Miguel Carreras por orden del Gobernador Godoy Cruz, su cabeza fue enviada a Fraile Muerto, donde se la expuso en una pica en la plaza pública hasta que el dolor familiar consiguió quebrar la intransigencia gubernamental y darle sepultura.

La lucha de los caudillos locales motivó el envío de otras dos divisiones del Ejército del Norte, al mando de los coroneles Arenales y Juan Bautista Bustos. El primero asumió como Comandante de Campaña de la provincia, mientras el segundo mantenía a su disciplinado Regimiento de Infantería en operaciones. Pero en esa región las montoneras no parecía que pudieran hacer mucho daño.

Afirmado el régimen directoral, y salvo las esporádicas apariciones de las montoneras federales, Córdoba había vuelto a su normalidad, es decir, a la sumisión al Directorio.

No obstante, las montoneras en el este y sudeste de Córdoba siguieron haciendo apariciones esporádicas. La crueldad con que eran tratados los montoneros capturados no las aquietó. Durante más de dos años siguieron atacando esporádicamente las posiciones del ejército directoral, uniendo a sus fuerzas a los desertores de éste.

Incluso poco antes del Motín de Arequito, en enero de 1820, hubo ataque de los caudillos del sur y del este de la provincia en Cruz Alta y El Tío.

Bustos quiere la reorganización nacional

El cabildo local eligió Gobernador interino a quien ya fuera Gobernados en 1815, José Javier Díaz, cargo que ocupó durante 18 meses entre 1819 y 1820. Los políticos federales apoyaron la rebelión del Ejército del Norte en Arequito, y recibieron en triunfo al mismo a su entrada en Córdoba.

El jefe del Ejército, General Juan Bautista Bustos, cordobés, nacido en Punilla, aprovechó las divisiones internas en el federalismo provincial para formarse rápidamente un partido propio.

Con el apoyo de algunos antiguos partidarios del Directorio, se hizo elegir Gobernador titular, cargo que ejercería durante los siguientes nueve años. El 21 de marzo Bustos asumía la gobernación de la provincia, y daba el primer paso en pos de su objetivo de reorganización nacional.

Bustos ejecutó muchas de las aspiraciones de Díaz, inclusive incorporó a varios artiguistas a su gobierno, entre ellos a Bulnes.

Durante su gobierno tuvo el apoyo de Bulnes y de sus aliados y, con el tiempo, el mismo Díaz se uniría a sus filas, pero otros dirigentes federales de la primera hora se sintieron desplazados y se pasaron a la oposición.

La mayor parte de estos últimos apoyarían la invasión del General Paz en 1829, y apoyarían su gobierno, aún a sabiendas de que éste abrigaba sentimientos netamente unitarios.

El más destacado de estos sería el ministro José Isasa, pero también figuraron en esa lista Del Corro, Faustino AllendeRoque SavidJuan Antonio SaráchagaJosé Gregorio Baigorrí, Pérez Bulnes y otros.

 

Epílogo

Por todo lo expuesto no debiéramos hoy sorprendernos con los vaivenes, “panquequismo”, egocentrismos, y tantos otros “ismos” con que vemos pasar la política y los gobiernos de nuestros últimos años.

Lo que tampoco debe sorprendernos es la férrea posición del centralismo porteño en contra de las provincias, a pesar que todos “se quieran disfrazar de federales” porque eso es políticamente correcto.

 

Bibliografía

ARGENTINA. El dilema de Córdoba: la sumisión a Artigas o la obediencia a Buenos Aires. En: Historia General de las Relaciones Exteriores de la República Argentina. http://www.argentina-rree.com/2/2-031.htm.

BISCHOFF, E. U. (1966) José Javier Díaz, Gobernador de Córdoba: 1815-16. Trabajos y Comunicaciones, 15, 75-106. En Memoria Académica. Disponible en: http:// www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/art revistas/pr.1024/ .1024.pdf

TERNAVASIO, M. (2015). Historia de la Argentina, 1806-1852. Grupo Editorial Siglo Veintiuno. Buenos Aires.

TERZAGA MOREYRA, A. (2015). José Javier Díaz, gobernador. https:// www.lavoz.com.ar/ opinion/jose-javier-diaz-gobernador

WIKIPEDIA. Primer federalismo cordobés. https://es.wikipedia.org/wiki/ 

viernes, 30 de abril de 2021

Isidro Velázquez. Una delgada línea entre el bandolerismo rural y el santo pagano

 

Existieron, en nuestra historia reciente, un grupo importante de “héroes populares” que hoy son venerados en muchas localidades del país. Isidro Velázquez (también conocido como “el vengador”), fue un correntino que vivió en el Chaco y es uno de los últimos personajes, abatido ilegalmente durante la presidencia de facto de Juan Carlos Onganía. 

Al igual que muchos personajes “subversivos” de América Latina, las fotos súper expuestas de su muerte, la eliminación del árbol donde fue prácticamente fusilado y el entierro en algún cementerio desconocido, fueron hechos que, lejos de servir de escarmiento, hicieron de Isidro un santo pagano a quien los pobladores del nordeste argentino veneran. 

Como en tantos otros hechos de nuestra historia, la documentación que prueba sus fechorías no es transparente ni completa, y, aparentemente, el actuar de las fuerzas policiales “forzaron” a este baqueano y peón rural a delinquir y devolverle algo a los que menos tenían. 

Tal vez su nombre “le suene” si alguna vez escuchó un chamamé muy popular que dice: Isidro Velázquez ha muerto enancao en un sapucayEsta es su breve historia, ya que encontró la muerte a los 39 años.

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El “bandolerismo rural” en la Argentina ha dado lugar a mitos y leyendas populares que hasta hoy están vivas en la conciencia colectiva. Por amor, por desamor, por venganza, por cuestiones políticas y por causas altruistas, existieron hombres y mujeres “fuera de la ley”, pero dentro del pecho de las clases mas desprotegidas. Isidro Velázquez no fue la excepción.

Algunos historiadores y sociólogos coinciden en que:

“Los héroes” populares que han aparecido con rasgos más o menos similares en lugares y tiempos diversos reciben la adhesión devota de sus coterráneos; de origen humilde, se desenvuelven en ámbitos rurales en los que predomina un orden político que se percibe como represivo, dando lugar a que mucha gente común vea como actos justicieros sus actividades ilícitas.

“Estos personajes son los sujetos de canciones populares y de relatos que se difunden en voz baja, enriquecidos con los poderes mágicos que se les atribuyen, y algunos intelectuales “racionalizan” al personaje, conforman su estética y lo convierten en definitiva en un héroe de consumo popular en el que ven un anticipo de rebeliones sociales más elaboradas y sistemáticas.

“No se debe perder de vista el carácter singular de estos personajes, que se diferencian de los delincuentes comunes y a los que la credulidad popular les atribuye poderes mágicos y por diferentes motivos les disculpa sus actividades ilícitas.

Isidro Velázquez, como en la década de 1930 Bairoletto y Mate Cosido, reunió estos rasgos. La novedad es que su leyenda se constituyó en la década de 1960, cuando se pensaba que la aparición de este tipo de bandolero en el Chaco era ya imposible por el cambio en las relaciones económicas y las relaciones de poder, demostrando que más allá de modernizaciones (más aparentes que reales), continuaban predominando formas de explotación tradicionales en sociedades campesinas cuyos imaginarios no eran muy diferentes a los de treinta o más años antes. 

¿Quién fue “el vengador”?

Isidro Velázquez nació en Mburucuyá (Corrientes), en mayo de 1928. Era uno de los 22 hijos de Tomasa Ortiz y Feliciano Velázquez.

Desde niño se familiarizó con la vida en el monte y a sobrevivir en él tanto de día como de noche. Tenía 21 años cuando su familia se trasladó a Resistencia (Chaco), en busca de trabajo y de ahí a Lapachito, una pequeña localidad que surgió como pueblo tras la llegada de un gran aserradero.

La familia se asentó en una estancia sobre la Ruta 16, a pocos kilómetros de Makallé, donde su papá Feliciano trabajó como capataz y algunos de sus hijos como jornaleros

En 1961 Isidro Velázquez vivía con su mujer y cuatro hijos en Colonia Elisa y trabajó 12 años como peón rural sin que se le conozcan delitos. En la zona era tenido como el mejor baqueano, rastreador y cazador de los esteros y los montes.

Siendo miembro de la cooperadora escolar del único establecimiento primario del pueblo donde asistían sus hijas, no parecía candidato a un destino relevante.

Se lo describe alto, delgado, de rostro enjuto y mirada penetrante, aceptado como buen vecino, hasta que, por alguna razón, no muy clara, comenzó a ser hostigado por la policía.

Su vida al margen de la Ley

Como en tantas otras ocasiones y en otros parajes de nuestro país, la policía era “generadora” de delincuentes, “plantando” pruebas, y provocando reacciones violentas, muchas veces para justificar sus cargos y responsabilidades.

¿Cómo se transforma un baqueano y peón de carácter tranquilo en un delincuente?

La respuesta popular culpa a la provocación policial y a las acusaciones infundadas.

Las primeras noticias sobre Velázquez fueron por el hurto de unas rejas de arado. Los hermanos Isidro y Claudio Velázquez se defendieron argumentando que el dueño, un tal Cuéllar, les debía dinero y ellos habían pretendido cobrarse de esa manera. Fue inútil: se los detuvo y envió a Resistencia.

Cuatro meses después Isidro quedó en libertad pero a Claudio le comprobaron otras raterías y lo condenaron a cuatro años de reclusión.

Cuando volvió Claudio después de purgar la condena, los vecinos recuerdan que la policía comenzó a acosarlos, acusándolos de todos los delitos que se cometían en la zona.

A Claudio le gustaba el juego y, no obstante tener mujer e hijos, su presencia era habitual de las bailantas y prostíbulos de la zona, donde se lucía

Los testigos de la huída sostienen que Isidro repite que está decidido a no dejarse prender nuevamente.

En 1962 se los identificó robando un almacén en Lapachito: el propietario se resistió y mataron al hijo del dueño y a un vecino.

Cometieron otras fechorías por la zona y aunque se enfrentaron a tiros con la policía, no pudieron ser detenidos.

Hasta las clases “pudientes” le endilgaron violaciones de mujeres que no figuran en ningún expediente ni prontuario.

En poco tiempo su prontuario registraba tres causas abiertas por robos y hurtos, y una por evasión al fugarse en una oportunidad de la cárcel de Colonia Elisa.

Tras su fuga, y al parecer por los dichos de vecinos, abandonó a su familia y tras 33 años de vida tranquila, Isidro Velázquez con su hermano Claudio se transformaron en fugitivos de la justicia y acosadores de las autoridades policiales, de quienes siempre quisieron vengarse, iniciando así una corta pero violenta carrera delictiva.

El 25 de junio de 1962 los Velázquez, armados con un rifle Winchester y revólveres se encontraron en una picada en las afueras de Colonia Elisa con una patrulla policial que portaba carabinas, metralletas y pistolas y pudieron escapar pese a su inferioridad numérica.

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Mientras fugaban la gente de menores recursos los protegía de las comisiones policiales, que habían tomado la persecución de Isidro y su hermano casi como una causa única.

Las recompensas por la protección popular eran abundantes, muchas veces acompañadas por grandes festejos.

En oportunidad del cumpleaños de su hermano Claudio, asaltaron el paraje de Costa Guaycurú y llamaron a los vecinos para que bebieran lo que quisieran, a su cargo.

Wenceslao Ceniquel, Comisario de Zapallar, enterado de la reunión marchó hacia la localidad y en el enfrentamiento hubo dos policías heridos, Claudio murió de un balazo e Isidro huyó sin que se supiera de él por un año.

Tres días después protagonizaron un tiroteo a caballo frente al destacamento policial de Colonia Popular, comenzando allí una serie de robos y hurtos de dinero y provisiones, algunos muy violentos con muertos y heridos

En 1964 apareció en Zapallar en la compañía de Vicente Gauna, hombre de carácter violento e irracional que había iniciado su carrera delictiva en la adolescencia. A los robos y hurtos se le suman los secuestros de ricos hacendados.

Ángel Persoglia, uno de los productores rurales raptado a principios de ese año, declaró que le había sorprendido “la corrección del bandolero”, agregando: “se despidió de mí diciendo que ya era tarde para cambiar de vida”.

Inquietos, los miembros de la Sociedad Rural chaqueña ofrecieron entonces una recompensa de dos millones de pesos "a toda persona que entregue a estos delincuentes de cualquier forma o suministre información concreta que permita su detención".

Fueron pegados carteles con sus fotos y el aviso en paredes de los poblados, troncos de los árboles, en pulperías, almacenes y prostíbulos. La persecución ya se había transformado en una obsesionada causa provincial y nacional, y se buscaba un escarmiento para quienes los quisieran imitar.

La policía se dirigió a General Obligado al tener noticias de que allí estaban los fugitivos, y en una movilización sin antecedentes, 800 policías bien armados y con perros cortaron caminos, tomaron poblados, rastrillaron picadas y pajonales.

Velázquez y Gauna emboscaron a una de las patrullas y mataron al Agente Juan Ramón Mieres. Después de estar quince días rodeados en la zona por el cerco policial lo eludieron y volvieron a la zona que mejor conocían, sosteniendo un nuevo tiroteo en Lapachito.

Velázquez menospreciaba a sus perseguidores policiales, les enviaba mensajes burlones y les hacía dibujos como los de las historietas en unos cuadernos, varios de los cuales le encontró encima la policía cuando lo abatió.

Crece el mito y se hace leyenda

Entre la población circulaban versiones atribuyéndole a Velázquez cualidades sobrehumanas que algunos explicaban por la protección del payé de los esteros (creencia ancestral de los pueblos guaraníes), y que muchas personas, incluidos policías, juraban haber constatado, tales como que podía paralizar a quien lo perseguía, que las balas no le entraban o que era capaz de desaparecer de golpe, como evaporándose en el aire o transformándose en un animal.

Los carteles con el encabezado de “Vivo o Muerto” que el gobierno chaqueño había pegado en todo el territorio solían aparecer arrancados o cruzados con leyendas tales como: “Isidro Velázquez no se entregará”.

Ciertamente que solía tener el apoyo de los pobladores más humildes, a los que recompensaba con generosidad, y muchos interpretaban eso no como la lógica retribución que hace un fugitivo para continuar gozando de amparos sino como una suerte de redistribución violenta de la riqueza, y empezó a ser conocido como “El Vengador” por los vecinos.

Dentro de este orden de ideas encajaba que elegía sus víctimas de robos y secuestros entre personas que por tener bienes podían ser personajes odiados por su condición social y económica, sin advertirse que obviamente sólo de ellos podía obtener el dinero que necesitaba para continuar esa vida.

Así La Razón del 3 de diciembre de 1967 decía:

“El halo de leyenda que rodeaba a estos salteadores de la selva, como a los bandoleros de todos los países y de todas las épocas, los hacía acreedores del afecto y la simpatía de las poblaciones campesinas, que en no pocas oportunidades recibieron los beneficios de sus manos, sobre todo entre la gente más pobre”. 

“La gente de campo los ampara en su vida errante, de eternos prófugos de la justicia, los ayuda en la procura de abastecimientos y en oportunidades los oculta o les facilita los medios para ocultarse”.

Con el tiempo los recuerdos reales se mezclaron con los imaginados y algunas personas oponían la personalidad de Juan Vicente Gauna, alias “Chiflón”, el correntino con una carrera delictiva violenta e irracional, que lo acompañaba en sus acciones, que es visto como el sujeto cruel e inflexible, que tiene por víctimas, tanto a pobres hacheros como hacendados, en contraste con Velázquez, a quien la leyenda pasa a retratarlo como un hombre común que había llevado una vida honesta hasta sus 33 años y fue empujado por la injusticia fuera de la ley.

En sus relatos los pobladores enfatizaban que en ocasiones Isidro había evitado violencias innecesarias de su hermano Claudio o de Vicente Gauna y salvado vidas, y que ayudado por los pobres luchaba en desventaja contra su destino, sólo roba a gente adinerada y paga generosamente los servicios que recibe de los humildes.

Los elementos del mito ya estaban presentes en vida de Isidro Velázquez y las circunstancias de su muerte sirvieron para confirmar su leyenda de bandido con fama de ladrón que robaba a los ricos para repartir entre los pobres, obligado a enfrentar a la ley como respuesta a los atropellos de un orden político abusivo e injusto.

El principio del fin

Corría 1967. Los socios, refugiados en Quitilipi, preparaban el asalto a la sucursal del Banco de la Nación Argentina en la localidad, de Machagai. El refugio durante algún tiempo fue una reserva de la comunidad toba cuyos pobladores les daban alimento y protección.

Trabajos de inteligencia policial indicaron como posibles contactos de los fugitivos en Quitilipi a la maestra Leonor Marinovich de Cejas, y al cartero Ruperto Lula Aguilar.

La información era verosímil, y con métodos “no muy santos” los convencieron para que colaboren en atrapar a los fugitivos.

Día tras día siguieron a sol y a sombra a la mujer, hasta que la perseverancia rindió frutos. Agentes apostados en la citada localidad informaron que la maestra iba a Resistencia en su auto, un Fiat 1.500 rojo, con el cartero del pueblo.

Leonor habría sido amiga de Velázquez desde mucho tiempo atrás y colaborado con él en otras ocasiones.

En la capital, vieron que entraban en una tienda. Compraron cosas y se retiraron. Policías de civil le pidieron al comerciante los billetes con los que pagaron.

 

Los cotejaron con la numeración que tenían, y saltó: eran billetes con los que se había pagado un secuestro perpetrado por los bandidos. Detuvieron a la maestra y al cartero. 

 

Les dieron dos alternativas: o entregaban a Isidro o iban presos. Prefirieron lo de la entrega. Contaron lo que proyectaban hacer, y con los datos que aportaron diseñaron una trampa para cerrar el círculo fatal en torno de los delincuentes.

El plan pergeñado por la policía en aquel anochecer del 1° de diciembre de 1967, consistía en que Leonor y Aguilar debían trasladar en el automotor de ella a Velázquez y Gauna desde Quitilipi hasta Machagai.

Velázquez llevaba su Winchester y un calibre 38, así como un cinturón con balas. Al llegar al puente de Pampa Bandera, y tal como acordara con la policía, debía hacer guiño de luces que permitieran a los policías identificar el auto

La maestra detuvo el auto simulando un desperfecto y junto con Aguilar salieron del vehículo permitiendo la acción de unos 30 hombres bien armados que aguardaban escondidos junto al camino.

Comenzó el fuego graneado sobre el vehículo. En el tiroteo hubo más de quinientos balazos en pocos minutos.  Algún policía tiró una granada, que rebotó en el techo y vino hacia los uniformados ubicados en el lado opuesto. Todos corrieron. Segundos después la granada explotó, abriendo un pozo.

El jefe de la patrulla, Wenceslao Ceniquel, dio orden de parar el fuego. Se acercó al auto, abrió la puerta trasera y sólo vio el acribillado cadáver de Vicente Gauna, quien alcanzó a herir en una pierna a Aguilar.

Velázquez usó su Winchester, hirió al cabo Santos Medina y se abrió camino a tiros durante trescientos metros en la oscuridad del monte.

Sus perseguidores iluminaron el lugar con los faros de sus autos y cuando el bandido, herido en una pierna y en un hombro estaba a punto de alcanzar la arboleda espesa, prácticamente lo fusilaron.

Su cadáver mutilado y el de Vicente Gauna fueron exhibidos en público en diversas localidades y reproducidos en fotografías que circularon en medios provinciales y nacionales.

Existe documentación que demuestra que fue un fusilamiento realizado por la policía del Chaco, violando todos los derechos e inclusive apelando a torturas y violando leyes para matarlos en una emboscada. Ninguna fuerza del Estado (ni los gobiernos de facto como el de Juan Carlos Onganía), puede usar una emboscada para matar aunque sea el más peligroso delincuente.

La gente fue la que después de muerto lo sacó de las páginas policiales para llevarlo a los altares populares, entronizándolo como un santo pagano.

Durante varios días posteriores al suceso, medios gráficos nacionales y provinciales, que habían visibilizado en sus páginas el rastrillaje policial, publicaron en sus portadas fotos de los cuerpos muertos, resaltando en los textos la “hazaña” llevada adelante por los efectivos armados con esta captura.

Si bien la mayoría de las imágenes dieron a ver los dos cadáveres mutilados, el foco principal de las repercusiones estuvo puesto en Velázquez, cuya imagen en el relato popular ya había cobrado fama de legendario antes del asesinato.

Las circunstancias violentas de la muerte de este gaucho (quien a diferencia de Gauna se había ganado más simpatía popular), sumadas a la disposición y exposición pública de su cuerpo pos mortem y la transposición fotográfica de esas escenas, como también su reproducción en la prensa, causaron gran conmoción en la sociedad chaqueña.

Los relatos circulantes de la época, interpelados por las peripecias de este “gaucho alzado” (cuyo ámbito de difusión de sus acciones fue la zona rural del Chaco, Formosa, Corrientes y Paraguay), fueron construyendo la imagen de Velázquez en la memoria colectiva.

Los sectores populares lo consideraban un “vengador” de los humildes porque no se sometía a las explotaciones patronales y robaba a los ricos para repartir entre los pobres, en tanto para los grupos dominantes era un “bandido rural”, un delincuente, que había cometido varios robos y secuestros a comerciantes y hacendados.

Para las instituciones y los sectores sociales que habían impulsado las capturas, el hecho se transformó en un festejo. En ese sentido, puede leerse el propio decreto gubernamental que fijó al 1 de diciembre como Día de la Policía del Chaco. Con ello la “celebración” pudo actualizarse todos los años en la fecha que se conmemora el “suceso” del fusilamiento.

El Estado buscaba mostrar hacia dentro y fuera de la sociedad chaqueña el “triunfo” del accionar policial, estatal, militar sobre el bandolerismo, la delincuencia y la insurrección que representaban –a la luz del discurso oficial– los fusilados.

En este sentido, los cuerpos violentados y las fotos que los recrean se construyen como textos que cumplen diversas funciones: la de servir como “pruebas” de las muertes que muchos no podían creer y también como “instrumentos pedagógicos”.

Poco tiempo después, y para evitar que hicieran de ese lugar una cuestión de culto, las autoridades dispusieron que fuera talado, astillado y quemado el árbol bajo el cual murió Velázquez.

Pobladores del lugar se llevaron como amuleto un poco astillas y de ceniza del árbol y a veces aparecen allí flores y otras ofrendas, al igual que donde estaban sus restos en el cementerio de Machagai, donde finalmente las autoridades decidieron borrar las señas de la tumba.

Recuerdos y homenajes

Velázquez también originó, como otros bandoleros anteriores, canciones populares que ponderaban sus hazañas, lamentaban su muerte e insistían en sus virtudes de hombre valiente. 

El chamamé El último sapukay, de Oscar Valles; El puente de la traición, de Cardozo y Domínguez Agüero, La ratonera, de Raúl Barboza y Bandidos rurales, de León Gieco y Hugo Chumbita, cantan a las andanzas de Velázquez.

Entre 1970 y 1972 Pablo Szir, cineasta de orientación política Montonera, dirigió la película del género de docudrama Los Velázquez sobre su propio guion escrito en colaboración con Lita Stantic y Guillermo Shetzke según el ensayo Isidro Velázquez: formas prerrevolucionarias de la violencia (1968), del sociólogo Roberto Carri. El filme nunca fue estrenado comercialmente pues si bien estaba terminado el positivo desapareció cuando el director fue secuestrado y desaparecido.

En 1987 Quiko García comenzó a filmar Los Velázquez, crónica de dos bravos famosos, cómo pelearon, cómo murieron y cómo siguen vivos en la memoria del pueblo sobre su propio guion escrito en colaboración con Marcelo Vernet y Ricardo Gil Soria pero que por razones económicas no pudo terminarse.

Camilo José Gómez dirigió sobre su propio guion el documental Isidro Velázquez, la leyenda del último sapucay que se estrenó el 2 de diciembre de 2010 en Resistencia.

La historia de Isidro Velázquez recobró aire con el último largometraje de Albertina Carri que se estrenó en el 2017 en el Gaumont, y que se exhibió durante mucho tiempo en el MALBA (Buenos Aires)

Tal vez el chamamé El último sapukay de Oscar Valles es la versión más conocida de la historia de Isidro y su último compinche, en la voz de Jorge Cafrune.

Quizás si leemos este texto escuchando esa versión podemos ambientarnos en esa realidad (https://www.youtube.com/watch?v=NRObfJ49sFM).


La muerte apago la risa
del sol que duerme ardiendo en el Chaco
porque Machagai se ha vuelto
un llanto triste de sangre y barro.

Ya no está Isidro Velázquez
la brigada lo ha alcanzado
y junto a Vicente Gauna
hay, dos sueños sepultados.

 

            Estribillo

 

Camino de Pampa Bandera
lo esperan en una emboscada
y en una descarga certera
ruge en la noche la metrallada.

Isidro Velazquez ha muerto
enancao en un sapucay
pidiéndole rescate al viento
que lo vino a delatar,
pidiéndole rescate al viento
que lo vino a delatar.

 

La muerte apagó la risa
de los machetes en los quebrachos
la pólvora entre los huesos
se hizo ceniza en dos pechos bravos.


Sin una vela encendida
sin una flor a su lado,
sin una cruz en la tierra
hay, dos sueños sepultados.

La traición de su amiga también ha quedado en el cancionero popular a través de El Puente de la Traición, de Los Hermanos Cardozo. 

Allá en Pampa Bandera,
junto a un añoso quebracho,
esta clavada la cruz de un macho
que aquí lo voy a nombrar...

Isidro Velázquez, no podrán borrar
la huella de tu destino
permiso chamigo correntino si me atrevo a recordarte...

Vibra en la selva chaqueña
bajo clamor de valiente
que va cayendo doliente
gritando su rebelión.

El suelo tiñe de rojo
con esa sangre caliente
bañando el blanco salitre
del puente de la traición...
 

Estribillo

Correntino hasta la muerte
Dios bendiga su valor
alumbrando en cada rancho
la bondad de su favor.

Yo te rindo este Homenaje
enjugando un lagrimón
a vos Isidro Velázquez
inolvidable varón.

En cada rancho chaqueño
hay una vela encendida
esta alumbrando la vida
de aquel valiente varón.

Acusado de injusticia
perseguido sin descanso
salió del monte seguro
que tanto lo cobijó
Para caer traicionado
sin entregarse vencido
allá en Pampa Bandera
que cuantas veces cruzó...


Bibliografía

BARRIOS, C. y GIORDANO, M. (2018). Violencia, memoria y mito. Espectacularización de la muerte en la fotografía de Isidro Velázquez (Argentina). Estudos Ibero-Americanos, vol. 44, núm. 1, 2018. Pontifícia Universidade Católica do Rio Grande do Sul.

 

CHIMENTO, M. (2020). Isidro Velázquez: el bandido rural que cayó por un engaño. https:

          //www.elagrario.com/conociendo-lo-nuestro-isidro-velazquez-el-bandido-rural-que-cayo-por-un-engano-8375.html

 

DEVICENZI, J.L Isidro y Claudio Velázquez - Los Vengadores. https://www.lagazeta.com.ar/velazquez.htm

 

JARA, F. (2017). La historia de Isidro Velázquez, el cuatrero que hoy es venerado en el Chaco. Infobae https://www.infobae.com/sociedad/policiales/2017/02/11/la-historia-de-isidro-velazquez-el-cuatrero-que-hoy-es-venerado-en-el-chaco/

VIDAL, M. (2017). A 50 años de la muerte de Isidro Velázquez. https://chacoonline.com.ar/contenido/3802/a-50-anos-de-la-muerte-de-isidro-velazquez

WIKIPEDIA. Isidro Velázquez. https://es.wikipedia.org/wiki/