martes, 31 de agosto de 2021

Eulogia y Barboza. Pastores de Salta


Si escuchamos por ahí “Eulogia Tapia en La Poma…” o “Ese que canta es Barboza…”, seguramente lo podremos relacionar con Salta, y con el noble y antiguo oficio de ser pastor.

Efectivamente, Eulogia Tapia y Leopoldo “El Chola” Barboza, tienen en común que son salteños y pastores de cabras y ovejas, vecinos a algunos kilómetros, y fuente de inspiración del poeta Manuel J. Castilla.

Detrás de dos zambas preciosas están los tres, llenos de historia, que cuando algún día se junten en alguna nube, bendecirán haberse conocido.

Para buenas “letras” de un poema hacen falta buenas “músicas”, y es por eso que el Cuchi Leguizamón y Fernando Portal, aportaron melodías bellísimas.

Conozcamos estas dos historias.

¿Quién es Eulogia?

Eulogia, una pastora de 18 años, nunca imaginó que provocando un “contrapunto de bagualas” (desafío de 4 versos improvisados, con rima y acompañados por una caja), con unos forasteros que bebían en un boliche de La Poma, sería famosa.

Ella no lo quiso ser, solo estaba en juego su amor propio para ganar. Tampoco sabía que a quien estaba desafiando era nada más ni nada menos que el poeta Manuel J. Castilla.

Castilla perdió la primera vuelta pero no se dio por vencido, al día siguiente fue hasta su casa y también perdió el desafío.

Rendido, pero inspirado, aspiró todo el paisaje y su pluma rápida escribe uno de los poemas, musicalizado por el “Cuchi” Leguizamón, que dio lugar a una de las zambas más famosas del cancionero folklórico argentino: La Pomeña.

Eulogia se enteró mucho tiempo después, pero vive para contarlo y relatarlo en primera persona tantas veces como se lo piden.

Disfruta de su fama, a lo que debe agregarse que la nombraron Ciudadana Ilustre y Patrimonio Cultural Artístico Viviente de La Poma.

Hoy sigue siendo una pastora que vive en La Poma, a 3.000 m s.n.m., localidad que hoy solo tiene unos 700 habitantes, ubicada al oeste de la ciudad de Salta, y que se accede por la Cuesta del Obispo.

Allí nació el 13 de setiembre de 1945, se crio con sus padres pastores, se casó con “su” Albino (Avilo), a los 27 años y tuvo 2 hijas.

Carnaval y contrapunto

Es frecuente que en las fiestas carnavaleras de norte, los copleros se junten para realizar contrapunto de bagualas. Es una especie de payada entre contrincantes, resultando perdedor quien no pueda contestar los versos de su adversario circunstancial.

Promediaba la década del `60 cuando Manuel Castilla y el Cuchi Leguizamón llegaron a La Poma, y para variar, se fueron a refrescar las gargantas al almacén/boliche llamado La Flor del Pago. Fue allí cuando vieron entrar a una adolescente de 18 años, cubierta su cara con harina (como se festeja el carnaval en el norte), y una caja coplera entre las manos para comprar algo para su casa.

Castilla “la provocó” y, con timidez, Eulogia aceptó el desafío de cantar en contrapunto.

Luego de un tiempo de idas y vueltas, Castilla hizo silencio, dándose por vencido en el contrapunto. La joven ganó en la improvisación, y sin decir más, salió a buscar su caballo blanco que había quedado en el frente del almacén.

Hace unos años, Eulogia dio su versión: 

“Yo he bajado de mi casa al pueblo para cantar. Ahí armaban carpas durante carnaval y se juntaban todos. Yo llegué con mi caballo blanco, como dice la canción. El “Cuchi” y Castilla estaban también ahí cantando con sus guitarras. Éramos muchos hasta que empezaron los contrapuntos. La gente se fue yendo y yo me quedé sola con ellos dos en un duelo, hasta que le gané con una última copla que decía: 

«Esta noche va a llover /agua que manda la luna/mañana han de amanecer/como pato en la laguna.” 

«Ellos me preguntaron qué quería por haber ganado y yo les dije que me hicieran una canción».

Al día siguiente Castilla todavía no asumía su derrota. Pidió el tractor verde de la Municipalidad (que aún camina la Puna) y fue hasta el rancho de adobe de los Tapia, ubicado en Ampostuya.  En esa oportunidad tampoco fue bien recibido Manuel ya que don Joaquin, el padre de Eulogia, era “bravo como el cardón”.

 

Repitieron allí el contrapunto, en presencia de la mirada adusta del padre de ella, y nuevamente la adolescente derrotó a quien ya era considerado un maestro de la poesía. 

Eulogia dijo sobre el día después:

“Yo estaba con mi padre sembrando, entre la alfalfa, como dice el tema. También estaba el sauce, que está como llorando. Todo eso vieron ellos. Y cuando hablan de “por qué te roban Eulogia, carnavaleando” era porque me habían robado una chiva.

"Con mi hermana dejamos tiradas las chivas en el cerro y vinimos a pasear al carnaval. Yo me confié, porque ellas conocían el camino y bajaban solas. Al otro día, cuando volvimos, faltaban varias", contó en referencia al verso de la canción que dice eso.

Aquel día nació la leyenda. “Su hija es excelente cantora, le haremos una zambita”, le aseguró Castilla al padre de la joven, el que respondió “Será buena cantora, pero se dejó robar las chivas”.

Todo tiznado por el humo del tractor el poeta regresó, y entre cervezas frías desnudó sobre el mostrador su bagaje de penas.

A la mañana siguiente Castilla se fue. Tal vez desde la ciudad de Salta quiso vengar su derrota escribiendo La Pomeña, obra que registraran en 1969. 


Eulogia Tapia, en La Poma,
al aire da su ternura,
si pasa sobre la arena
iba pisando la luna.

El trigo que va cortando
madura por su cintura,
mirando flores de alfalfa
sus ojos negros se azulan.

El sauce de tu casa
está llorando

porque te roban, Eulogia,
carnavaleando.

La cara se le enharina,
la sombra se le enarena,
cantando y desencantando,
se le entreveran las penas.

Viene en un caballo blanco,
la caja en sus manos tiembla,
y cuando se hunde en la tarde
es una dalia morena.

Para endulzar el oído podemos escuchar esta versión por Mercedes Sosa, la preferida de Eulogia.

 https://www.youtube.com/watch?v=XT5XnsOz6r4

 La negra Sosa le envió un disco con la zamba que ella no llegó a escuchare por mucho tiempo, ya que en su rancho de adobe no había “tocadiscos” ni electricidad. 

Años más tarde Eulogia recordaba: 

“Ellos –por el Cuchi y Castilla – vinieron una vez al carnaval y nunca más volvieron. Al año o a los dos, alguien me avisó: ‘Eulogia, la están nombrando en la radio’. Mi mamá escuchó y me dijo que era yo (“¡Eulogia, te han hecho una zamba!”). 

No me lo he creído al principio que hablaba de mí. Después me llenó de emoción.»

“Me gusta la canción porque cuenta cosas que son ciertas. Cuando dice ‘el trigo que va cortando madura por su cintura’, se refiere a mi trabajo de entonces. También nombran al caballo blanco que yo tenía”.

Eulogia hoy

Eulogia vive en la actualidad en un puesto de campo, apenas alejada de La Poma. Cada mañana de verano se la puede encontrar de botas de goma y ordeñando, con la mirada de la timidez perdida en el piso de tierra, a punto de sacar unas hojas de coca de su bolsita verde, o mateando con su marido bajo el alero de su casa de adobe, disfrutando de sus 7 nietos.

Como una promesante más, asegura que seguirá yendo a la Virgen de La Peña (una pequeña imagen que fue hallada en un paraje cercano), donde, junto a otros vecinos llevan todos sus pedidos. A cambio dejan flores y una fe misteriosa.

Leopoldo Barboza: pastor de nubes

Cuando escuchamos la zamba que dice “Ese que canta es Barboza, pastorcito tastileño, apenas se lo divisa, cuando llovizna en el cerro…”, se nos representa todo el paisaje de esas alturas salteñas, que accidentalmente vivió Manuel J. Castilla, el poeta. 

Cuando “El Chola” Barboza y “El Barba” Castilla se encontraron, se mezcló la magia del paisaje, la vida sencilla y la pluma que “dibujó” con letras esa conjunción. 

Un gran músico, Fernando Portal, le puso encanto al poema y nació Pastor de Nubes, zamba que interpretaron muchos, ganase premios otros tantos y encantara a todos los que nos gusta el buen folklore.

 ¿Quién es Barboza? 

Habría nacido en 1938 o 1940 en Santa Rosa de Tastil (Salta), localidad ubicada al noroeste de Salta sobre la ruta 51, en la Quebrada del Toro, camino a San Antonio de los Cobres. 

“El Chola” como le dicen, nació, se casó con Teólifa Zerpa y tuvo a sus seis hijos en su amada Tastil. 

Su profesión de pastor de cabras y ovejas sigue inalterable en el tiempo. Toda una vida en medio de los cerros, lugar que eligió para quedarse definitivamente. 

Nombra a su pago y se conmueve:

“Voy a morirme en Tastíl, a mi no me gusta la ciudad”. “Por supuesto, sigo teniendo mi rebaño de ovejas y de cabras, y conozco los cerros estos como la palma de mi mano mi amigo”.

Su encuentro con Castilla

Una tarde de invierno, a los fines de los ´50, “el Barba” Castilla fue hasta Tastíl a visitar a un cuñado que trabajaba como telegrafista en el lugar.

La estadía del poeta salteño iba a ser breve, pero la naturaleza le cerró los caminos con una fuerte nevada que clausuró el túnel ferroviario de Diego de Almagro.

Castilla no tuvo más remedio que quedarse en Tastíl por varias semanas. Cuentan que, con Castilla en el pueblo, lo primero que quedó sin stock fueron las bebidas alcohólicas.

“Cuando El Barba se quedó, andaba deambulando por el pueblo, y una tarde nos conocimos. Nos pusimos a charlar justo al frente de la falda de la montaña por donde yo bajaba con mi rebaño de ovejas por las tardes.

 

Barboza tenía por entonces 21 años y Castilla 40. Los dos se pusieron a conversar mirando la falda de una montaña, aquél lugar que fue inspiró al poeta y que lo describe como nunca y por siempre. El pastor le contaba al poeta sobre la vida del cerro, sobre los rituales para enamorar a las chinitas y las tristezas del hombre de la montaña.

Leopoldo El Chola Barboza siempre dice: el “Pastor de nubes” soy yo. Castilla no me puso el nombre en la zamba, me dejó como bosta de cojudo, pero sé que soy yo porque me lo dijo el Barbudo”.

“El Barbudo era muy preguntón y observador. Todo quería saber. Yo le contaba todo sobre nuestra vida, sobre el significado de la flor amarilla para Pascua, el carnaval y el Fin de Año que son nuestras únicas fiestas. Y él me miraba si yo me iba para el cerro a pastorear”.

“Después se fue contento, y al tiempo volvió con Leguizamón, con la novedad de que ya estaba la zamba”.

Castilla le pidió a Fernando Portal (fundador de Los Cantores de Quilla Huasi junto a Carlos Lastra, Carlos Vega Pereda y Ramón Nuñez), que le pusiera música y la inscribieron en 1967.

PASTOR DE NUBES - Zamba

Letra: Manuel José Castilla - Música: Fernando Portal


Ese que canta es Barboza,
pastorcito tastileño.
Apenas se lo divisa,
cuando llovizna en el cerro.
 
Cada cardón de la falda
se le parece por dentro.
Un poco por las espinas,
pero más por el silencio.

La florcita amarilla
de tu sombrero,
pastora, dámela en Pascua, que es tiempo de andar queriendo.

Mirando pasar las nubes,
encima ‘el cerro me quedo,
y de golpe me parece
que soy yo el que se está yendo
 
Pastores como Barbosa,
puede ser que estén habiendo.
Pero ninguno como él,
que de amor ande muriendo.


 Pero mejor que leer es escuchar, y las versiones mas difundidas son: 

·         Dúo Salteño            https://www.youtube.com/watch?v=ufIEH4My6bI

·         Las Voces Blancas    https://www.youtube.com/watch?v=VjAt9GhT4ds

Gracias a la zamba, que lo describe como nadie, Barboza llegó a conocer a muchas personalidades. 

 “A Tastíl llegó hasta Pipo Mancera (NdR: Afamado conductor de TV en los años ’60), pero vino solo, sin cámaras ni nada porque quería conocerme a mí y al lugar, nada más. Fue una linda charla con un hombre sensible”, rememora.

 “También conocí a grandes figuras del folclore, entre los que le puedo nombrar al Cuchi Leguizamón, a Horacio Aguirre, a Pantaleón, en fin, a muchos cantores y músicos”.

Sus historias

En las interminables charlas entre Barboza y Castilla, surgieron historias increíbles.

“En medio de esos cerros pasaron muchas cosas, vi desde plato voladores hasta almas en pena, la viuda, al duende, al mandinga. Los cerros guardan cosas que pocos saben, y yo pude verlas señor”, y suelta el relato.

“Una noche venía solo, yo, mi caballo y mis ovejas. Cuando de pronto levanté la vista hacia el cielo y vi un círculo grande, como si fuera una rueda de una chata (NdR: así le llaman a esos carros de cargas grandes que eran tirados por bueyes, cuya circunferencia es mayor a los carros tradicionales) que tenía tres colores.

Esa cosa pasó a toda velocidad y se perdió por detrás de los cerros. Yo agarré mi caballo pensando que se iba a asustar, pero nada, al igual que mi rebaño, que siguió caminando como si nada”, recuerda Barboza.

Dijo EL Chola: “Un día me iré de este mundo, y quizás me encuentre con el Barba Castilla allá arriba, si es que llegó, porque dicen que primero se deben pagar las culpas en el purgatorio y recién seguir viaje hacia el paraíso”.

Seguramente ambos pagarán sus culpas. Desde el cielo El Chola seguirá protegiendo y amando a su Santa Rosa de Tastil y El Barba tirando poesías.

Epilogo

Sana envidia…si las hay. ¿Cómo se puede ser y vivir tan coherentemente? Pastor nací, pastor moriré y pastor me enterrarán al lado de mis antepasados.

Así fueron, son y serán Eulogia y “El Chola”.

 

Bibliografía

AVELLANEDA, S. (2020). La Pomeña, la pastora que se volvió zamba. https://www.radionacional.com.ar/la-pomena-la-pastora-que-se-volvio-zamba/

BALIÑA, J.P. (2007). Ruta 40, crónicas tierra adentro. Eulogia Tapia, la reina del contrapunto. https://www.lanacion.com.ar/sociedad/eulogia-tapia-la-reina-del-contrapunto

EL TRIBUNO. (2017). La historia de dos zambas memorables del "Cuchi" Leguizamón y Castilla. https://www.eltribuno.com/salta/nota/2017-9-30-15-24-0-

GASPAR, A. (2013). ¿El pastor de nubes soy yo?, dijo El Chola. www.eltribuno.com/salta/nota/2013-5-11-20-40-0-

INFORMATE SALTA (2012). Ese que canta es Barboza, pastorcito tastileño… Sección Sociedad 02-04-12. https://informatesalta.com.ar/contenido/51098/

VIA SALTA (2018). La pomeña Eulogia Tapia fue declarada ciudadana ilustre. https://viapais.com.ar/salta/666849-

 


sábado, 31 de julio de 2021

Aceguá, el pago de los quileros


Quileros, bagayeros, contrabando hormiga, llámelos como quiera, pero es una constante de nuestra historia por las asimetrías económicas y sociales de las ciudades fronterizas. Ellos van y vienen llevando generalmente comida, según su conveniencia.

Antes lo hacían a caballo por los estrechos caminos de las sierras de Aceguá, perseguidos por la policía, hoy lo hacen caminando, en bicicleta o en pequeñas motocicletas, pero la necesidad es la misma.

Lamentablemente hoy muchos pasos fronterizos son incontrolables desde el punto de vista de la seguridad y la “vista gorda” de las instituciones, y no solo contrabandean harina, aceite y azúcar “de a kilo”. Los quileros lo hacían por necesidad de llenar la panza, los contrabandistas lo hacen para llenar el bolsillo.

Un gran autor, Osiris Rodriguez Castillo (considerado el Atahualpa Yupanqui de Uruguay), escribió Camino de los quileros, una postal histórica de la vieja práctica de sobrevivir ayudado “un poco por dios y otro poco por el diablo” al decir de sus protagonistas.

¿Dónde está Aceguá?

Aceguá es un pequeño poblado uruguayo limítrofe con Brasil, enmarcado en una hermosa sierra llena de historias. Solo una calle la separa de una ciudad brasileña que se llama, “casualmente”, también Aceguá.

La localidad se encuentra situada en la zona norte del Departamento de Cerro Largo, sobre la cuchilla Grande, sobre la ruta 8 en su extremo norte.

Su nombre proviene del Tupi-Guaraní yace-guab que quiere decir Lugar del descanso eterno.

La fecha que se adoptó como fecha de fundación de la localidad es en 1863, cuando se trató de establecer una población junto a la receptoría de aduanas ubicada en aquel lugar.

Los "quileros” uruguayos fueron aquellos que compraban comestibles en pequeñas cantidades en comercios instalados en ciudades o villas de la frontera en Brasil para venderlos o usarlos en el Uruguay. Era gente de escasos recursos, que vivían muy cerca de la frontera y que realizaban el contrabando a pequeña escala, con recursos muy limitados.

El traslado de la mercadería se realizaba originalmente a caballo, aunque luego fue en carros o en pequeños medios de transporte como bicicletas o motocicletas.

La ruta de ingreso no era por las vías de comunicación convencionales, sino por las sierras y llanuras de que componen la geografía del lugar.

Su vida estaba determinada por la compra y venta en uno o dos días, pues con las ganancias volvían a comprar nueva mercadería para rehacer diariamente el mismo proceso.

La nominación de “quileros” (los que trasladas cosas de pocos kilogramos), se ha recogido en varios poemarios y cancioneros del Uruguay.

Entre ellas, el más destacado es el conocido "Camino de los quileros" del cantautor uruguayo Osiris Rodríguez Castillos. 

 

Camino de los quileros  

(Osiris Rodríguez Castillos)


Hay un camino en mi tierra
del pobre que va por pan,
camino de los quileros
por la sierra de Aceguá.

Tal vez, sin ser tan baqueano
cualquiera lo ha de encontrar,
pues tiene el pecho de piedra
pero el corazón de pan.


Gurisito pierna flaca
Barriguita de melón
Donde hay tantas vacas gordas
No hay ni charque para vos.

Tu bisabuelo hizo patria,
tu abuelo fue servidor,
tu padre carneó una oveja
y está preso por ladrón.

Toma café con fariña
y andá guapeando por ahí.
Mañana mate cocido;
pasado, Dios proveerá.

Mañana busco el camino
del pobre que va por pan
Si no me para una bala
pasando te traigo más.

Yerba, caña, rapadura,
un rollo'e naco, nomás;
los pobres contrabandeamos
a gatas pa' remediar.

¡Qué gaucho es el tal camino!
Pero duro de pelar.
Camino de los quileros
por la Sierra de Aceguá.


 

Esta hermosa milonga se puede escuchar en la versión de Jorge Cafrune.

                                   https://www.youtube.com/watch?v=6-g21ajtUP4

El autor describe “la mercadería”:

·         Fariña: harina gruesa de mandioca

·         Rapadura: azúcar mascabo (no refinada que sabe a regaliz, café y caramelo)

·         Naco: hoja larga de tabaco arrollada.

Un viejo quilero, ya retirado de su “oficio”, contaba:

“La vida fue muy generosa conmigo por permitirme tener esas experiencias que vienen desde el tiempo de la colonia, acompañado un rato por dios y un rato por el diablo”

“Aprendí el oficio de mi suegro que fue quilero durante 35 años. Como nosotros, ellos siempre fueron perseguidos por la policía, pero siempre encontraban un alma buena que los cuidara: un capataz de estancia, un peón recorredor o un vecino. Siempre les agradecíamos el dato de la posición de la policía, dejándoles tabaco o caña para los grandes, y de rapadura para los niños”

“El quilero es muy respetuoso de los campos por donde pasaba o huía. Necesitaba de la mirada cómplice de sus vecinos. Nunca iban y volvían por la misma senda, en parte para no molestar y en parte para engañar a la policía. Raramente eran solitarios. Llegaban a tener más de 30 animales cargueros capaces de cargar 2.000 kilos de mercadería.

“Lo más feo de las travesías era la cañada de Aceguá, porque estando completa, llena como 3 o 4 km de ancho y ahí había que pasar medio boyando y nadando, y eso es medio peligrozón”. Los caballos son como los barriles: boyan. Los va llevando el agua.

“Lo bravo es cuando uno traía yerba, azúcar y tabaco que eso se moja todo. Si estaba muy crecido había que quedarse hasta que bajara, llegábamos a estar 15 o 20 días con temporal esperando que bajara el Palleros, o el Zapallar más abajo, porque si no, había que dar una vuelta larguísima y era un peligro andar con 50 o 60 cargueros por arriba de la carretera”.

“Lo que más extraño es la costumbre de andar y conocer gente buena que le ofrecía un asado para compartir al paso. Cuando llegábamos a hacer las compras, siempre de noche, el encargado o el sereno del almacén nos arrimaba algo de fiambre para comer”

“Hoy ya casi no hay quileros, compran en comercios modernos y trasladan mucha mercadería por las carreteras, cuidándose de la policía a través de avisos por esos teléfonos portátiles”. 

Reconocimiento y homenajes

Un escultor de Cerro Largo (Nicolás Fariña), presentó una muestra con elementos reciclados para homenajear a los "quileros. La muestra está sobre la Ruta 8 y representa el "esfuerzo que hacen las personas para ir a la frontera”

Se trata de un conjunto de cinco estatuas hechas con chatarra, de 4 metros de altura aproximadamente.

El artista indicó que "esta obra es sobre el ser humano, sus sentimientos, sus pensamientos y el sacrificio que han tenido los habitantes de la frontera para arrimar el pan a sus hijos, abaratando el costo yendo a Brasil y al regresar cargados, sorteando a los aduaneros y a la Policía por caminos lejanos a las rutas nacionales para no ser vistos. La idea es representar todas las épocas del contrabando llamado hormiga.

 

Bibliografía

BORTAGARAY, I. (2012) Osiris Rodríguez Castillo Biografías. Acuarelas Folclóricas http://acuarelasfolkloricas.blogspot.com/2012/01/osiris-rodriguez-castillo-biografia.html

HERRERA, M. (2020). Camino de los quileros… por las sierras de Aceguá. https://rurales.elpais.com.uy/historias-que-son-cuentos/

TELENOCHE. (2018). Suplemento. Escultor de Cerro Largo realiza homenaje a los "quileros". https://telenoche.com.uy/ocio/

WIKIPEDIA. Quileros. https://es.wikipedia.org/wiki/Quileros


miércoles, 30 de junio de 2021

Juan Riera. Panadero, anarquista y, fundamentalmente, buen tipo


Los que cargamos años en nuestras espaldas y nos gusta la música folklórica, seguramente reconoceremos en una bella zamba la vida de don Juan Riera, un panadero y carpintero español que llegó al país para “hacer patria”.

Era aquel que dejaba la puerta abierta de su panadería durante la noche para que los que menos tienen entraran a comer un pedazo de pan y calentar sus cuerpos al lado del horno.

Fue también aquel desplazado y perseguido, acusándolo de “rojo” por la dictadura de Uriburu, solo por ser solidario y ayudar a los maltratados y desposeídos.

Fue el que inspiró a poetas, músicos y artistas de todo tipo para reunirse en su panadería, y como no podía ser de otro modo, le dejaron lo mejor que tenían.

sábado, 22 de mayo de 2021

Grietas eran las de antes. El federalismo en Córdoba

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El contexto de la época

La ciudad de Córdoba había sido, durante dos siglos, mucho más importante que Buenos Aires.

Fue Capital de la Gobernación del Tucumán, y más tarde de la Intendencia de Córdoba del Tucumán, además era sede ni más ni menos que de la Universidad Nacional de Córdoba.

La fundación del Virreinato del Río de la Plata invirtió los roles, y Buenos Aires pasó a ser capital de un territorio que incluía a Córdoba. Incluso la Real Audiencia fue instalada en la capital del virreinato.

Pero los cordobeses no se habían resignado a ser subordinados de los porteños, y mantuvieron una larga tradición de autonomía frente a Buenos Aires. Ésta pudo hacer eclosión al estallar la Revolución de Mayo, pero la derrota de los realistas dirigidos por Santiago de Liniers les obligó a actuar con cautela, ante las posibles acusaciones de ser contrarrevolucionarios.

De todos modos, varios dirigentes locales intentaron lograr una cierta autonomía local frente a Buenos Aires. Durante un corto tiempo, el Deán Funes logró ser uno de los dirigentes más importantes de la Junta Grande de gobierno.

El centralismo porteño no quería saber nada que no fuese “mirarse el ombligo”. Ni el Primer Triunvirato, ni el Segundo, ni el Directorio reconocieron prácticamente ningún derecho de autogobierno a las provincias.

Muchos dirigentes cordobeses, sinceramente afectos a la Revolución, se fueron retrayendo de toda actuación pública. Una sorda oposición, dirigida por varios abogados, curas y militares había ido creciendo hacia la dominación directoral.

La revolución federal, dirigida por José Artigas en la Banda Oriental, se había expandido desde 1814 sobre las provincias de Entre RíosCorrientes y Misiones. Transcurrido el primer año de la guerra entre Artigas y el centralismo del Directorio, la victoria de Guayabos, en enero de 1815, sobre las huestes de Manuel Dorrego permitió a los federales orientales dominar todas esas provincias y significó la liberación de la Banda Oriental de la dominación directoral.

Se inició así el período de máximo poder del héroe oriental. Esto fue el germen de la independencia de Uruguay, que se concretaría doce años después, en 1828.

Para los cordobeses era una oportunidad para desligar a Córdoba del Directorio. Los federales cordobeses comisionaron entonces a Juan Pablo Bulnes y Lorenzo Moyano para solicitar ayuda a Artigas. Este poco podía ofrecer pues tenía sus fuerzas comprometidas en el operativo de Santa Fe y esperaba una contraofensiva porteña

Claro está que, si entre los liberales existían profundas diferencias ideológicas, no lo eran menos la de los federales. Había federales bonaerenses y federales provinciales, federales del litoral y federales del interior.

Artigas que fue aliado de Francisco Ramírez, terminó siendo vencido por este, y Dorrego que combatió junto a Lavalle en nombre del Directorio, fue fusilado por este último.

Con apoyo del mismo Artigas, que se trasladó a Santa Fe, estalló en esa provincia una revolución que llevó al poder a los federales. Pocos días más tarde, a fines de marzo, Artigas, envalentonado por el triunfo, envió una carta al Gobernador de Córdoba, Francisco Ortiz de Ocampo (nombrado por el Director Gervasio Posadas), en la que le decía:

“es necesario de V. S. y las tropas que oprimen a ese pueblo le dejen en el pleno goce de sus derechos, retirándose a Buenos Aires en el preciso término de 24 horas. De lo contrario marcharán mis armas a esa ciudad, y experimentará V. S. los desastres de la guerra.”

No tenía intención ni posibilidades de hacer semejante campaña, pero la amenaza surtió efecto: el 29 de marzo de 1815 renunciaba Ocampo y, en su lugar, el Cabildo de Córdoba, en el primer acto de soberanía provincial, nombraba Gobernador al Coronel José Javier Díaz, natural de Villa del Totoral, hombre fuerte en la política por su poderío económico y su jerarquía militar, obtenida por su participación durante las Invasiones Inglesas.

Si bien Díaz era un autonomista cercano a Artigas, nunca llegó a romper con el Directorio. Envió sus diputados al Congreso de Tucumán, pero nunca se sometió a la autoridad política de Artigas.

Díaz asumía el mando de toda la gobernación-intendencia y así lo notificó a Artigas, pero también lo hizo con el director Alvear. Este doble juego obedecía a que Córdoba aún no podía prescindir de Buenos Aires y volcarse de lleno a la protección de Artigas. Aunque éste amenazaba la capital, el directorio de Alvear todavía estaba en pie.

Por otra parte, Eustoquio Díaz Vélez, en representación de la Junta de Observación (organismo que controlaba la conducta de los Directores), firmó el Pacto de Santo Tomé con el representante de la provincia de Santa Fe, el 9 de abril de 1816.

Mediante este acuerdo, se dispuso la evacuación inmediata de todos los efectivos porteños que ocupaban la provincia de Santa Fe y el reemplazo de Manuel Belgrano, a cargo del Ejército, por el propio Díaz Vélez.

Así finalizó la lucha entre Buenos Aires y la “Liga de los Pueblos Libres”, (integrada por las provincias de Córdoba, Corrientes, Entre Ríos, Santa Fe, la Banda Oriental y los pueblos de las Misiones), liderada por Artigas.

Al conocerse en Buenos Aires los términos de este Pacto y que las tropas al mando de Díaz Vélez estaban dispuestas a forzar con las armas su cumplimiento, el Director Supremo Álvarez Thomas, enemigo de Artigas, presentó su renuncia.

El federalismo cordobés se divide

A pesar de ser un jefe federal, Díaz rechazó el pedido de auxilio del Gobernador artiguista de Santa Fe, Mariano Vera, para defenderse de la invasión porteña de Eustoquio Díaz Vélez, ya que había jurado obediencia al Congreso de Tucumán, pero también al Directorio.

Eso lo hizo enemistarse con los demás jefes federales, y el jefe de las milicias de la ciudad, Juan Pablo Bulnes, un artiguista férreo, se sublevó contra Díaz.

Pueyrredón, a cargo del Directorio, aprovechó su debilitamiento para relevarlo del mando provincial, pero Díaz le contestó que había sido electo por el Cabildo, y sólo éste lo podía deponer.

Díaz había mantenido buenas relaciones con el Director Álvarez Thomas, y organizó las reuniones entre San Martín y Pueyrredón, a través de las cuales se plasmó la idea de organizar el Ejército de los Andes.

Díaz cooperó con ambos Generales para garantizar el triunfo independentista. Crea la fábrica de pólvora en Colonia Caroya y aporta fondos y hombres para la campaña.

Los diputados cordobeses, por su parte, que formaron parte del Congreso de Tucumán, se opusieron al traslado del mismo a Buenos Aires, votado por la mayoría, incluso tres de ellos, Eduardo Pérez BulnesJosé Antonio Cabrera y Miguel Calixto del Corro, se negaron a trasladarse a la capital.

Anticipaban que las provincias perderían la poca autonomía que habían logrado con la reunión en Tucumán. Uno de los diputados, sin embargo, Jerónimo Salguero, accedió a trasladarse a Buenos Aires, y Díaz adoptó esa misma posición, desautorizando a los otros tres. Se había abierto una división entre los federales de la provincia.

El federalismo de Díaz se distinguía del artiguista en que el cordobés no era un separatista ni bregaba por un sistema confederal. La independencia de la "provincia" importaba sólo una separación provisoria del gobierno de Buenos Aires hasta que un congreso general estableciera la forma de gobierno.

En realidad el objetivo de Díaz era lograr una conciliación entre Buenos Aires y la Banda Oriental, pretendiendo con ello sentar las bases de una organización nacional, pero esta posición mediadora implicaba de alguna manera para Córdoba considerarse fuera de la Liga de los Pueblos Libres.

De aquella línea de autonomistas-artiguistas, fue Bulnes su representante más fiel. Con él, Díaz mantuvo una relación ambivalente. Fue conciliador al principio, y al final rompió debido a las presiones del Congreso de 1816, que rechazaba de plano la participación del artiguismo. Tales disensiones se sintieron inclusive en el seno del propio Cabildo local.

Bulnes rompió de modo definitivo con Díaz, pues aspiraba a mantener un programa político de mayor contenido plebeyo, apoyando una geopolítica regional integradora de todas las provincias con el Litoral y se dirigió hacia Santa Fe con algunas tropas.

Al saber que esa provincia había acordado el Pacto de Santo Tomé, regresó sobre la ciudad de Córdoba y atacó a los leales a Díaz, derrotándolos en las afueras de la ciudad. Díaz se retiró a su estancia, de donde salió para entregar el mando, en septiembre de 1816.

Bulnes no sólo planteaba reformas agrarias, sino reivindicaciones sociales ancestrales, pues contenían a soldados de notoria diversidad étnica, como los indígenas guaraníes y los charrúas, aunados a la peonada gaucha de Santa Fe, Entre Ríos, Misiones y la Provincia Oriental.

En Córdoba, a principios de 1817, las posiciones moderadas comenzaron a prevalecer sobre el discurso de máxima presión contra el gobierno central.

Familia y política

Para reemplazar a Díaz, el Director Supremo eligió a Ambrosio Funes, hermano del Deán Funes. Funes era el suegro de Bulnes, por lo que éste lo reconoció como Gobernador. Una semana más tarde, Funes arrestó a su yerno Bulnes.

En enero de 1817, Belgrano ordenó a Funes que le entregara a Bulnes, pero éste lo ayudó a escapar el 26 de enero de 1817.

Rápidamente, Bulnes organizó una revolución y derrocó a su suegro con ayuda de Agustín Urtubey. Lo envió preso hacia Buenos Aires, junto al coronel Francisco Sayós, el doctor Manuel Antonio Castro y el Deán Funes. Estando en camino, los Funes y sus compañeros de prisión consiguieron sublevar a sus guardias y regresar a la ciudad al frente de ellos.

Bulnes fracasó en formar un gobierno, y un Cabildo Abierto eligió gobernador a su enemigo Juan Andrés de Pueyrredón, hermano del Director Supremo.

Bulnes y Urtubey, fracasados políticamente, decidieron no combatir y huyeron hacia Santa Fe, pasando más tarde a la Banda Oriental, donde secundaron a Artigas. El 12 de marzo de 1817 asumió como gobernador Manuel Antonio Castro, salteño, nombrado por Pueyrredón.

Los caudillejos del sudeste

El nuevo Gobernador nombró a Juan Andrés de Pueyrredón como comandante de la frontera Este de la provincia, y por orden del General Juan Bautista Bustos quedó al mando del fuerte de Cruz Alta (al sudeste de Marcos Juárez), con la misión de detener los ataques del caudillo federal Estanislao López desde Santa Fe.

Pero aún quedaban los hombres que había reunido y entrenado Bulnes. Estos se dispersaron por el este de la provincia, llevando las ideas federales que rápidamente prendieron en la población.

Desde mediados del año 1817, los Comandantes José Antonio Guevara, de El Tío (ubicado entre la ciudad de Córdoba y San Francisco), y Felipe Álvarez, de Fraile Muerto (hoy Bell Ville), al frente de sus montoneras, tuvieron en jaque a las fuerzas directorales en toda esa región.

Don Felipe Álvarez, Maestro de Posta y Comandante de Armas devenido montonero no tuvo un final feliz. Por las mutaciones políticas de la época, los caudillejos locales quedaban entrampados en la maraña de esos cambios.

Felipe Álvarez fue fusilado en Mendoza junto al caudillo chileno José Miguel Carreras por orden del Gobernador Godoy Cruz, su cabeza fue enviada a Fraile Muerto, donde se la expuso en una pica en la plaza pública hasta que el dolor familiar consiguió quebrar la intransigencia gubernamental y darle sepultura.

La lucha de los caudillos locales motivó el envío de otras dos divisiones del Ejército del Norte, al mando de los coroneles Arenales y Juan Bautista Bustos. El primero asumió como Comandante de Campaña de la provincia, mientras el segundo mantenía a su disciplinado Regimiento de Infantería en operaciones. Pero en esa región las montoneras no parecía que pudieran hacer mucho daño.

Afirmado el régimen directoral, y salvo las esporádicas apariciones de las montoneras federales, Córdoba había vuelto a su normalidad, es decir, a la sumisión al Directorio.

No obstante, las montoneras en el este y sudeste de Córdoba siguieron haciendo apariciones esporádicas. La crueldad con que eran tratados los montoneros capturados no las aquietó. Durante más de dos años siguieron atacando esporádicamente las posiciones del ejército directoral, uniendo a sus fuerzas a los desertores de éste.

Incluso poco antes del Motín de Arequito, en enero de 1820, hubo ataque de los caudillos del sur y del este de la provincia en Cruz Alta y El Tío.

Bustos quiere la reorganización nacional

El cabildo local eligió Gobernador interino a quien ya fuera Gobernados en 1815, José Javier Díaz, cargo que ocupó durante 18 meses entre 1819 y 1820. Los políticos federales apoyaron la rebelión del Ejército del Norte en Arequito, y recibieron en triunfo al mismo a su entrada en Córdoba.

El jefe del Ejército, General Juan Bautista Bustos, cordobés, nacido en Punilla, aprovechó las divisiones internas en el federalismo provincial para formarse rápidamente un partido propio.

Con el apoyo de algunos antiguos partidarios del Directorio, se hizo elegir Gobernador titular, cargo que ejercería durante los siguientes nueve años. El 21 de marzo Bustos asumía la gobernación de la provincia, y daba el primer paso en pos de su objetivo de reorganización nacional.

Bustos ejecutó muchas de las aspiraciones de Díaz, inclusive incorporó a varios artiguistas a su gobierno, entre ellos a Bulnes.

Durante su gobierno tuvo el apoyo de Bulnes y de sus aliados y, con el tiempo, el mismo Díaz se uniría a sus filas, pero otros dirigentes federales de la primera hora se sintieron desplazados y se pasaron a la oposición.

La mayor parte de estos últimos apoyarían la invasión del General Paz en 1829, y apoyarían su gobierno, aún a sabiendas de que éste abrigaba sentimientos netamente unitarios.

El más destacado de estos sería el ministro José Isasa, pero también figuraron en esa lista Del Corro, Faustino AllendeRoque SavidJuan Antonio SaráchagaJosé Gregorio Baigorrí, Pérez Bulnes y otros.

 

Epílogo

Por todo lo expuesto no debiéramos hoy sorprendernos con los vaivenes, “panquequismo”, egocentrismos, y tantos otros “ismos” con que vemos pasar la política y los gobiernos de nuestros últimos años.

Lo que tampoco debe sorprendernos es la férrea posición del centralismo porteño en contra de las provincias, a pesar que todos “se quieran disfrazar de federales” porque eso es políticamente correcto.

 

Bibliografía

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