El
nivel de desarrollo alcanzado particularmente por las misiones jesuíticas en lo
que se denominaba la Provincia de Paraguarí (parte de las actuales Misiones,
Corrientes, Brasil y Paraguay), no fue casual. Se trató de uno de los proyectos
políticos más ambiciosos que en el Siglo XVII se llevara a cabo por estos
pagos.
Ni
los jesuitas fueron elegidos por azar, ni el territorio y los pueblos nativos
fueron seleccionados por comodidad. Una maraña de intereses de la realeza de
España y del Vaticano pugnaban por triunfar si acertaban en sus decisiones.
Jesuitas
estudiosos, disciplinados, laboriosos y con un criterio de docencia pacífica
contrastaba con los de otras Órdenes religiosas y sus representantes en América
del Sur y que se amañaron con la codicia de los militares y empresarios que
solo buscaban riqueza fácil a costa del sudor esclavo.
Guaraníes
ordenados, prolijos, amantes y respetuosos de la naturaleza, creyentes de mucha
fe de sus deidades, habilidosos y proactivos con el desarrollo de su gente,
fueron elegidos para llevar a cabo un modelo de civilización diferente, tanto
del europeo como del nativo, generando una fusión que tiene pocos antecedentes.
Un
territorio rico como la mata atlántica, y el paso estratégico en lo militar
contra las pretensiones del imperio brasileño, completaban el triángulo del
suceso.
Agradecimiento: A Jorge Vega (“Chicato”), por haberme
permitido entrar en un tema atrapante y por facilitarme muchas fotografías.